CHILE. LAS ELECCIONES Y LA CONSOLIDACIÓN DEL BLOQUE EN EL PODER

“No hay tercera posición entre explotadores y explotados”

Mario Roberto Santucho

Considerando 1: La falacia de gobierno y oposición, de derechas e izquierda.

Las elecciones dentro del contexto de una democracia burguesa se presentan, entre otras cosas, como la disputa entre las fuerzas de gobierno y la oposición, fundamentalmente, y esto como expresión de la lucha por la hegemonía y por el acceso o mantención del poder político que le da el ejercicio en la administración del sistema de explotación capitalista (gobierno central, regional y comunal como también desde el parlamento derivado todos estos estamentos de las elecciones). Sin embargo, esta visión es tramposa.

Primero, porque la democracia burguesa como expresión de la voluntad y forma de la clase social parasitaria y ociosa también como minoría social tiránica y dictatorial, encierra la misma democracia burguesa la negación misma de una verdadera democracia, plena y directa, manteniéndose solamente en algo definido como democracia formal que disfraza la dictadura del capital.

Segundo, porque nos quieren convencer que el arco político se compone de izquierda, centro y derecha, de fuerzas de gobierno y de oposición lo cual es falso.

Se supone que quienes dentro del parlamento se definen como “izquierda” o “centro-izquierda” se oponen al capital, al mercado y que defienden los intereses de los trabajadores y del pueblo, de los pobres de la ciudad y del campo y quienes se definen como de “derecha” son los fieles y únicos representantes de los intereses oligárquicos y de la clase dominante. Nada más falso.

Los partidos de izquierda y de centro-izquierda son expresiones de la ideología y de las políticas socialdemócratas, esencialmente, y como tales son representantes y defensores del sistema capitalista de explotación cuya finalidad es la humanización de esta dictadura y frenar el avance revolucionario como la revolución misma que tiene como finalidad la destrucción del capitalismo y la instauración del socialismo. Así, la socialdemocracia, el reformismo, el revisionismo hoy progresismo son expresión de la ideología dominante, del poder burgués. Defienden la democracia burguesa, el juego democrático-burgués electorero como el centro y columna vertebral de su estrategia política y reemplazan la lucha de clases por la conciliación de clases.

De lo anterior se desprende que aquello de la contradicción supuesta entre fuerzas de gobierno y fuerzas de oposición dentro del parlamento y desde las elecciones es falso. La oposición al capitalismo no se expresa en el parlamento ni en los ofertones electoreros en las campañas presidenciales. Todos, moros y cristianos, defienden el mismo sistema de explotación y no trepidan en endurecer la legislación penal y recurrir a la fuerza militar para reponer el orden y progreso de los capitalistas y del capitalismo, vale decir, defienden los intereses y proyecto social de la minoría parasitaria y ociosa, de la clase dominante. Así, el parlamento en su conjunto desde la democracia cristiana y liberales pasando por todas las expresiones de la socialdemocracia donde encontramos también al Partido Comunista y al Frente Amplio llegando hasta las diferentes expresiones orgánicas de la derecha fascista, todas ellas defienden y participan en el sistema capitalista conformando un solo bloque donde los explotados no encuentran en el parlamento a ninguna fuerza política que los represente y que se proponga la superación absoluta de esta dictadura capitalista. El 100% del parlamento defiende el capitalismo y dentro de él no existe una oposición genuina, vale decir, no exista una Oposición Anticapitalista ni menos una Alternativa Revolucionaria.

Si en los inicios de la república la política se dividía entre liberales y conservadores, siendo ambas expresiones de la clase dominante de la época, hoy la contradicción entre progresistas o la nueva derecha y la derecha fascista reedita esa misma contradicción de antaño pero ahora en el tiempo actual siendo también progresistas y fascistas parte de la clase dominante como lo fueron los liberales y los conservadores antes. La contradicción sigue siendo entre explotadores y explotados no entre gobierno y oposición y no entre izquierda y derecha.

Considerando 2. La clase trabajadora y el pueblo ¡AUSENTES!

En todos los “debates” presidenciales el gran ausente fueron precisamente los explotados, es decir, la clase trabajadora y el pueblo. Las demandas de la clase trabajadora y del pueblo estuvieron completamente ausentes. La clase trabajadora, el proletariado no existen como clase dominada y explotada en los discursos de los representantes y candidatos de la burguesía.

Lo que sí estuvo presente en todos los candidatos, en el formato de los debates y en las preguntas guiadas de los periodistas mercenarios de los medios burgueses de desinformación de las masas fueron los intereses de la clase dominante, de cómo defenderlos, y como mejorar el carácter represivo y contrainsurgente del Estado actual. Desde la candidata del progresismo, la “comunista” Jeannette Jara hasta el fascista Kaiser abrazaron el discurso y la estrategia de la seguridad nacional, del enemigo interno y todos ellos hicieron de la lucha por la seguridad lo principal requisito fundamental, desde los discursos oficiales, para aumentar la producción y la economía aunque todos sabemos que la mayor producción, el incremento de los índices macroeconómicos no significa de modo alguno una distribución de la ganancias de los capitalistas que impliquen el aumento considerable de los sueldos reales y de las pensiones. Las ganancias sólo sirven para incrementar las cuentas bancarias de los explotadores y para ello requieren paz y orden capitalista, paz y orden burgués y sobre ellos están todos de acuerdo ya no entre moros y cristianos, sino entre progresistas y fascistas, entre falsos comunistas y fascistas.

La participación lastimosa de Eduardo Artés, del Partido Comunista (Acción Proletaria) sólo viene a validar el circo electoral que legitima al final al mismo sistema de explotación y peor aún alimenta la vana ilusión de transformar el sistema capitalista desde dentro, desde la perspectiva de la vía pacífica al socialismo, desde la conciliación de clases y desde arriba, es decir, desde el Estado como lo pensaron los teóricos de la Unidad Popular. Artés no se acuerda de Enver Hoxha en su mensaje y evaluación sobre los sucesos de la Unidad Popular como tampoco le conviene recordar que la revolución socialista, proletaria sólo es posible desde la confrontación directa contra el Estado y la clase dominante utilizando para ello la violencia revolucionaria y obviamente desde fuera del sistema de explotación. Peor aún, resulta evidente que la participación de Artés en esta campaña electoral, nuevamente, se realiza sin una estrategia revolucionaria de poder ni tampoco como una táctica de las mismas características limitándose a la repetición de consignas vacías que sólo alejan a las masas de un discurso genuinamente revolucionario y no le permiten comprender, a las masas, la esencia dictatorial de lo que llaman democracia liberal. Cuestión similar ocurre con la “propuesta” electoral del Partido de los Trabajadores Revolucionarios (PTR, trotskista). Caso aparte son las expresiones decadentes absolutas del progresismo como la candidatura de Marco Enriquez-Ominami apoyado por colectivos rojinegros, como por la Izquierda Ecologista y Popular, Partido Igualdad, Partido Popular y otros nombres de fantasías que no inciden en nada.

Los casi 15 millones de electores obligados instituyen, muchos de ellos, que cuando estén pensando por quién marcar, saben en su fuero interno que los ocho candidatos valen hongo, callampa y que ninguno de ellos lucha realmente por los intereses y demandas de los pobres, miserables y explotados. Da igual por quién votar y lo saben. Gran parte de los 15 millones de electores obligados rechaza y repudia a esa “clase política” porque son todos “la misma mierda” y saben que se “arreglan entre ellos”, que el voto tiene su precio y que después es el mismo Estado el que le devuelve a esos mini-emprendimientos al cual llaman partidos políticos legales cuantiosos recursos millonarios mientras el pueblo y los trabajadores tiene que hacer malabares para llegar a fin de mes con sueldos y pensiones de hambre. Los candidatos juegan y bailan la música que ponen los poderosos y bailan en la pista de baile que esos mismos poderosos imponen y no fuera de ella o con otra melodía. Todo está prediseñado, formateado para que el circo y la explotación siga su curso. A este espectáculo asqueroso y vomitivo los medios burgueses de la prensa mercenaria llamarán el 16 de noviembre “la fiesta de la democracia”.

Considerando 3. Para la Seguridad Nacional ¡Todo!. Para la Seguridad Social ¡Nada!

Como vimos más arriba, la concepción de Seguridad Nacional, los discursos y medidas militaristas, belicistas, represoras y contrainsurgentes dominaron todos los planteamientos y discursos del 100% de los candidatos. El poder sabe que para atraer mayores inversiones extranjeras requieren apaciguar las aguas y aumentar para ello los recursos para la represión y endurecer aun más la legislación penal no contra el crimen organizado (que le genera cuantiosas sumas de dineros que según la fiscalía de Antofagasta la economía criminal representa el 2,5% del PIB y según este mismo informe el crimen organizado ganará más de US$ 4.000 millones en 2025.

https://www.elmostrador.cl/unidad-de-investigacion/2025/07/13/estudio-de-fiscalia-de-antofagasta-el-crimen-organizado-ganara-4-mil-millones-de-dolares-en-2025/

No hay que ser un genio para comprender que para que estas ganancias siderales se produzcan es porque las conexiones entre el crimen organizado, la economía criminal, el narcocapitalismo con el poder burgués formal e institucional son claras y convenientes. Esto queda demostrado no sólo en los cada vez más numerosos casos de corrupción, de venta de armamento del ejército a bandas criminales, a la descomposición de las instituciones pilares del sistema burgués sino también de la incapacidad de todos los organismos de inteligencia militar y policial de terminar con el crimen organizado, con el narcocapitalismo teniendo todos los recursos monetarios y legales del Estado para hacerlo sin embargo la economía criminal crece así como sus nexos, sus conexiones y su poder. Termina con este poder criminal sin duda afecta la economía capitalista.

Entonces, si no es el crimen organizado, la economía criminal el objeto real a combatir desde la concepción de la seguridad nacional, ¿a quién se combate? Los fusiles siempre están dirigidos contra la clase trabajadora y contra el pueblo como ha sido siempre. El discurso de la inseguridad tiene como finalidad la de legitimar futuras represiones, futuras matanzas y masacres como ocurrió durante el 2019 en el estallido social. Y en esta lógica belicista están todos comprometidos rojos, rosados, azules y negros. ¿Acaso no fue Jarita la que dijo que mantendría el Estado de Excepción en el Wallmapu para combatir el terrorismo? ¡Para que hablar de las propuestas de los candidatos fascistas que alcanzan niveles delirantes!

Pero lo concreto es que la Seguridad Social, y medidas concretas sobre ellas estuvieron ausentes. Nada sobre las listas de espera que cobran las vidas de 40.000 pacientes solamente consignas. Nada sobre equiparar las pensiones al sueldo mínimo o vital. Nada con respecto de tener un sueldo digno etc. Nada sobre seguridad social propiamente tal. Sólo bala o cárcel. Cárcel o cementerio.

Considerando 4. Un falso antifascismo.

El fracaso estrepitoso del gobierno de Boric, desde la perspectiva de la clase explotada, es tan evidente y profunda que en estas elecciones tenemos a tres representantes de la derecha fascista (Matthei, Kast y Kaiser) que bien pueden sumar entre 50 -55% del total del electorado y que se suma a Parisi bien pueden llegar a 60% aproximadamente. Pero no sólo eso según la información publicada esta derecha quedaría con la mayoría tanto en la cámara de diputados y en el senado pudiendo realizar las modificaciones a la actual constitución sin los votos de los progresistas, es decir, la facción más reaccionaria de la clase dominante se vio fortalecida y envalentonada por el fracaso de la otra facción burguesa (progresismo).

Ante esta debacle, que se comprobará el 16 de noviembre, se encuentran en marcha dos campañas del terror. Una desde la derecha fascista que se basa en un anticomunismo rabioso ya que Jara es “comunista” por lo tanto ese anticomunismo sirve para agrupar a los fachos dispersos, que sumado al discurso antidelincuencial, al terror por el crimen organizado ayuda a conformar una mayoría fascista.

La otra campaña del terror proviene del progresismo que si no se vota por Jara se le hace el juego a la derecha fascista como si el progresismo no tuviera ningúna responsabilidad en esta situación.

¿Por qué un trabajador debería votar por Jara si al final de cuenta fortaleció a las AFPs, defiende el sistema de explotación y está por las políticas militaristas al igual que la derecha facha?

De ganar cualquiera de los candidatos de la derecha fascista la segunda vuelta, ¿quiere decir que el pueblo se ha derechizado?

Este mismo chantaje político, esta misma campaña del terror que se viste de antifascista no es nueva. El progresismo ya la estrenó el 1999 cuando en las elecciones presidenciales, en su primera vuelta, tanto Ricardo Lagos como Joaquín Lavín estuvieron prácticamente empatados obligando a una segunda vuelta en la cual Lagos obtiene 51,31% y Lavín 48,69%. Esto se dio como herencia del gobierno de Frei y como consecuencia de la profunda decepción y desafección que se produjo en el pueblo por el rumbo de la transición y su fortalecimiento de todo lo heredado de la dictadura. El fortalecimiento de la “obra refundacional pinochestista” hizo que el partido hijo de la dictadura, la UDI, estuviera cerca de ganar la presidencia después de sólo dos gobiernos de la Concertación. No lo logró, pero en las siguientes elecciones municipales la UDI se transformó en el principal partido de la derecha fascista y de ahí la idea de la UDI Popular. Lo cierto es que gano Lagos con el apoyo del Partido Comunista lo cual lo sumió en un crisis interna para luego Lagos continuar las políticas neoliberales centrada en las concesiones de las carreteras (TAG), en la mercatilización de la educación (CAE, profundización de la reforma de la educación), mercantilización de la salud (Plan Auge) y la mantención del Código del Trabajo y reformando la constitución del 80 transformándola en una verdadera constitución democrática según sus propias palabras. ¿Dónde quedó el antifascismo? ¿Dónde quedó el antipinochetismo? Ese antifascismo y antipinochetismo fueron sólo elementos de campaña.

Un nuevo fracaso del progresismo se produjo en la incapacidad de Bachelet de traspasar la banda presidencial a un progresista a un concertacionista. Posterior al primer gobierno de de Bachelet, ésta le traspasa la banda presidencial a Sebastián Piñera (2010-2014) obteniendo el 51,61% contra un 48,39% de Frei. Es este primer gobierno de Piñera el cual es considerado continuidad del programa de la Concertación y por lo tanto el Quinto Gobierno de la Concertación pero desde los partidos de la derecha fascista. Plena coincidencia programática entre la Concertación y la derecha fascista-pinochetista. Fue también en esta elección donde se comienza a configurar un nuevo progresismo bajo la candidatura del Marco Enríquez Ominami que obtuvo 20,14% y Jorge Arrate candidato del PC que obtuvo 6,21%. (total: 26,35%).

Cabe recordar que fue durante el gobierno de Bachelet donde se produjeron masivas movilizaciones de estudiantes secundarios que fueron brutalmente reprimidas. Fue en este gobierno donde se producen montajes contra los movimientos mapuche, se imponen los testigos sin rostro, se pide ayuda al FBI para combatir al pueblo mapuche, se inicia el Comando jungla y se envía a 200 militares a ser entrenados en el Escuela de las Américas.

Y también durante el primer gobierno de Piñera se produce las marchas más grandes por una educación de calidad y donde se suman otras demandas como la nacionalización del cobre, del agua y del litio. El fin del Código del Trabajo y de las AFP entre otras. Fue un estado de rebelión pero en el momento preciso, como es costumbre, el Partido Comunista y el progresismo frenan las protestas ante la posibilidad cierta de la caída del primer gobierno de Piñera y se traslada al parlamento la discusión terminando las movilizaciones con ello.

Si bien Bachelet logra llegar a la presidencia por segunda vez nuevamente fracasa y no logra traspasar a un concertacionista el gobierno. Nuevamente es Sebastián Pîñera (2017) el que llega a la presidencia con un 54,58% contra 45,42% de Alejandro Guiller del progresismo. En esta elección Beatriz Sánchez del Frente Amplio obtiene 20,27% y MEO 5,71% (total: 25,98%). En esta elección José Antonio Kast obtiene 7,93%. 

Es en las elecciones del 2021 donde el nuevo progresismo, o nueva expresión de la derecha progresista se logra conformar y establecer como nueva fuerza política sistémica. Si bien Boric en la primera vuelta obtiene 25,83% por detrás de Kast quien obtiene 27,91%, en la segunda vuelta Boric, con el apoyo de la Concertación y desde un voto antikast o “antifascista” obtiene 55,87% contra 44,13% de Kast. Es curioso que los porcentajes obtenidos por parte de Boric y Kast son los mismos obtenidos por el NO y el Sí en el plebiscito del 1988.

Es bajo el segundo gobierno de Pîñera (octubre 2019-marzo 2020) donde se producen las jornadas de combate conocida como Estallido Social. Ya no era sólo Santiago o algunas regiones en estado de rebelión sino todo el país. La masividad y la violencia popular fueron las dos principales características teniendo como respuesta la brutal represión por parte del gobierno, del estado. Para evitar la caída del gobierno de Piñera, la muerte de los partidos políticos sistémicos, la instalación de una asamblea constituyente genuina e independiente, el poder firma el acuerdo de la Paz en el mes de noviembre y se produce la desmovilización del pueblo también utilizando para ello la cuarentena de la pandemia del Covid.

En ese contexto, el progresismo (Frente Amplio, PC y Concertación) levantan una caricatura de asamblea constituyente y redactan una propuesta constitucional en el cual se prohibía cambiar el sistema económico neoliberal, tocar sus pilares y revisar los tratados de libre comercio, es decir, no se podía cambiar nada. En esa convención constitucional la derecha fascista obtuvo sólo el 20,56% y las fuerzas progresistas el resto quedando con mayoría absoluta. Sin embargo, en el plebiscito en el plebiscito donde se debería aprobar la primera propuesta constitucional, la Opción Rechazo (levantado por la derecha fascista y parte del progresismo) obtuvo el 61,86% y el Apruebo (levantado por el progresismo) obtuvo el 38,14%.

Ante el rechazo a la propuesta constitucional del progresismo, se convoca a una nueva convención constitucional donde el Partido Republicano (fascista) obtiene la mayoría de los integrantes y por ende redacta una propuesta constitucional desde su ideología reaccionaria. Gana en el plebiscito la Opción En Contra (levantada por el progresismo) con un 55,76%.

En resumen, todos los gobiernos desde 1990 sólo constituyen gobiernos de continuidad más allá de la alianza política que lo sustente ya que todos los gobiernos, incluyendo el de Boric, han estado de acuerdo en la mantención del sistema de explotación y represión como lo idearon Pinochet y Jaime Guzmán. Ninguna de las fuerzas políticas que ha estado en el cualquiera de las administraciones ha tenido una real voluntad política por cambiar el sistema sino por el contrario han hecho todo lo posible por mantenerlo, perfeccionarlo y perpetuarlo. Hacerlo más eficiente para los fines de la clase dominante y en esto al progresismo le cabe mayor responsabilidad porque ha estado más tiempo en el gobierno desde 1990 (Aylwin, Frei, Lagos Bachelet 1 y 2, Boric). Por lo demás es el progresismo el que se levanta como alternativa de cambio.

Vamos ahora: ¿Qué pasó en las elecciones?

Como ya hemos visto, el progresismo viene siendo derrotado desde hace tiempo por la derecha fascista, desde la elección presidencial entre Ricardo Lagos y Joaquín Lavín (ver más arriba). La debacle de la socialdemocracia no es nueva. Si el progresismo viene rodando con gran velocidad por el despeñadero hace tiempo, ¿qué hace que esta vez sea más dramático o profundo que las veces anteriores?

a) En un contexto de votación obligatoria, con 15.779.102 millones de electores la participación alcanzó el 85% equivalente a 13.452.724 lo que significa que 2.326.378 personas no concurrieron a votar. A estos 2.326.378. se suman 142.083 de votos nulos, es decir, no marcaron por ninguna opción y 360.926 que en total son 2.829.387 personas que expresaron su rechazo absoluto por este circo electoral

b) Las expresiones presidenciales de la derecha fascista José Antonio Kast (3.097.717 = 23,92%), Evelyn Matthei (1.613.797 = 12.46%), Johanes Kaiser (1.804.773 = 13.94%) y Franco Perisi (2.552.649 = 19.71) equivale a 9.068.936 votos, 70.03%.

c) Las expresiones presidenciales progresistas y de izquierda Jeanette Jara (3.476.615 = 26.86%), Marco Enriquez-Ominami (154.850 = 1.20%) y Eduardo Artés (86.041 = 0.66%) equivale a 3.717.506, 28.72

d) A nivel parlamentario:

Cámara de Diputados

Unidad Por Chile, coalición que apoyó a Jeanette Jara (Progesista)

Frente Amplio 17, Partido Comunista 11, Partido Socialista 11, Partido Por la Democracia 9, Partido Democracia Cristiana 8, Partido Liberal 3 Partido Radical 2. Total: 61 diputados.

Verdes, Regionalistas y Humanistas que apoyó a Jeanette Jara

FREVS 2, Acción Humanista 1. Total: 3

Total de diputados progresistas: 64

 Chile Grande y Unido que apoyó a Evelyn Matthei (Fascista)

 UDI 18, RN 13, Evopoli 2, Demócratas 1 = 34

Cambio por Chile que apoyó a Johanes Kaiser (Fascista)

Partido Republicano 32, Partido Nacional Libertario 8, Partido Social Cristiano 3 = 43

Partido de la Gente que apoyó a Franco Parisi (Fascista)

14 diputados. = 14

Total de diputados de derecha fascista: 91

 Senado

 Unidad Por Chile, coalición que apoyó a Jeanette Jara (Progesista)

 Partido Socialista 7, Partido Por la Democracia 4, Partido Demócrata Cristiano 3, Partido Comunista 3, Frente Amplio 2, Partido Liberal 1,

Verdes, Regionalistas y Humanistas 3

Total diputados progresistas = 23

Chile Grande y Unido que apoyó a Evelyn Matthei (Fascista)

 RN 9, UDI 5, Demócratas 2, Evopoli 2

 Cambio por Chile que apoyó a Johanes Kaiser (Fascista)

Republicanos 5, Nacional Libertario 1

Total senadores fascistas = 24

e) Este resultado para el progresismo / socialdemocracia es el peor resultado electoral en la historia reciente posdictadura de Pinochet. ¿Cuál es el origen de éste desastre.

f) Desde 1988, inicio de la transición a la democracia, y desde 1990 instalación del primer gobierno civil posdictadura militar-burguesa, se ejecuta el acuerdo entre las distintas facciones burguesas (a favor y opositotaras a la dictadura) que consiste en mantener, perfeccionar, profundizar y perpetuar el neoliberalismo impuesto durante la dictadura y la impunidad de los altos mandos militares y empresariales que apoyaron y ejercieron la dictadura de 17 años. Eso fue la transición. Centrado en los intereses burgueses e imperialistas.

g) Se defiende la democracia de seguridad nacional por todas las fuerzas políticas (fascistas y progresistas desde dentro y fuera del parlamento) y las políticas contrainsurgentes, antipopulares y anti mapuche.

El estallido social va en contra de lo impuesto por la transición pactada desde 1990 – 2019. El pacto por la Paz y la Nueva Constitución que ayudó a desactivar el estallido social tuvo como objetivo salvar la democracia de seguridad nacional, las políticas contrainsurgentes y el neoliberalismo en su conjunto. En este pacto concurrieron las fuerzas progresistas y fascistas desde el parlamento.

h) La elección de Boric con apoyo del Partido Comunista, el Frente Amplio y la ex Concertación fue la cristalización de la traición al conjunto del pueblo que se movilizó durante el estallido social y la imposición de una izquierda culturalista en la cual la clase trabajadora y la contradicción capital y trabajo no existe. Conceptos como burguesía y proletariado no existe en su ideología sino aspectos de género, cultural etc. Así, la agenda del gobierno de Boric gira en torno a aspectos de género entre otras (supuestamente) y en torno a las demandas del gran capital como a los intereses y política exterior del imperialismo. Se profundiza la represión contra los sectores populares y se fortalecen los 11 pilares del Neoliberalismo.

i) Del estallido social del 2019, la derecha fascista fue hábil para desarrollar su propio estallido social que ha tenido como centro en el discurso contra la delincuencia, el crimen organizado, anti inmigrantes y contra el terrorismo. El discurso de la seguridad individual, nacional, ha sido el discurso de la derecha fascista que sirvió para arrinconar al gobierno de Boric e imponer a éste su agenda represiva. Boric aceptó esa imposición y se ha transformado en el mayor colaborador de los organismos represivos, policiales y contrainsurgentes promulgando alrededor de 70 leyes represivas y varias leyes antipopulares-represivas. Llega un momento en que no existe ninguna diferencia entre el gobierno de Boric, sus fuerzas políticas que lo apoyan, y la derecha fascista. Desde esta perspectiva el discurso “anti fascista” levantado por el progresismo cada vez que se encuentra amenazado electoralmente es falso, vacío y carente de toda importancia política por cuanto posterior a las elecciones el progresismo cogobierna con las fuerzas fascistas validándolas como interlocutores democráticos (democracia de los acuerdos). El progresismo no busca la derrota total y completa de las fuerzas fascistas por cuanto eso significaría derrocar todo lo impuesto por la dictadura de Pinochet y afianzado por los gobiernos de la Concertación, Nueva Mayoría y Frente Amplio y está claro que el sistema dictatorial hoy vigente en Chile constituye la zona de confort del progresismo.

j) La candidatura de Jara, candidata presidencial del Partido Comunista y del conjunto del progresismo, tempranamente recogió el discurso neoliberal como propio, y asumió el discurso pro seguridad nacional al igual que todos los candidatos presidenciales de la derecha fascista. Cabe recordar que, en sus propias palabras, Jara señaló que ella mantendría el estado de excepción en el Wallmapu, contra el Pueblo-Nación Mapuche en su convencimiento de la existencia de terrorismo. También Jara asumió el discurso injerencista del antiguo progresismo y de la derecha fascista agrediendo a Cuba, Venezuela y Nicaragua.

k) A horas de conocidos los resultados de la primera vuelta electoral presidencial, Jara no sólo no recupera las banderas de la izquierda, de las demandas levantadas durante el estallido social por el pueblo movilizado, sino que gira más hacia la derecha al declarar que ella está dispuesta a recoger las “buenas ideas” de los candidatos de la derecha fascista. Esto con la finalidad de aumentar su caudal de votos y así poder derrotar al candidato fascista, Kast.

l) Otra consecuencia de la derrota del progresismo es que durante los cuatro años de gobierno de Boric, las fuerzas políticas progresistas o nueva derecha que lo sustenta se dedicaron a intervenir, y coaptar a los movimientos sociales. Anular la independencia de clase y desmovilizar a todo el conjunto social esto mediante la compra de dirigentes, la persecución contra ellos (despidos), leyes represivas y la existencia de la prisión política. Hoy en Chile existen cerca de 140 presos políticos. La desmovilización, la desactivación de la lucha social es uno de los factores esenciales para la derrota y es en este contexto de derrota político-electoral, y ante la segunda vuelta presidencial, que ahora el progresismo busca, oportunistamente, movilizar al pueblo.

El segundo fin de la transición

Si el estallido social fue un juicio popular de la transición a la democracia, al neoliberalismo impuesto y al estado contrainsurgente y que pudo ser salvado por el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución de noviembre del 2019, las recientes elecciones presidenciales y parlamentarias supone el fin de la hegemonía de las dos coaliciones políticas que dieron curso a la transición tanto a la Concertación / Nueva Mayoría (desde el progresismo) como de la Alianza Por Chile / Chile Vamos (desde el fascismo).

Si la Concertación / Nueva Mayoría fue reemplazada por la alianza Partido Comunista + Frente Amplio, es el Frente Amplio el que encarna más genuinamente el proyecto socialdemócrata de reemplazo siendo el PC vagón de cola. A la vez, si la Alianza Por Chile / Chile Vamos fue reemplazado por el Partido Republicano es el Partido Nacional Libertario el que encarna más genuinamente la derecha fascista frontal y sin tapujos.

Curiosamente en ambos polos se produjeron procesos de reemplazos coalicionales que dan continuidad a los proyectos históricos y que se adaptan a las condiciones sociales actuales posestallido. Para algunos esto definiría el “nuevo ciclo político”.

Si se tomara como cierto aquello del nuevo ciclo político, tenemos entonces que los partidos más fuertes son el Frente Amplio + PC, por el progresismo, y el Partido Republicano + Partido Nacional Libertario, por el fascismo que dicho sea de paso son contemporáneos, nacen en fechas próximas y con una crítica a la democracia liberal y a la transición desde ópticas ideológicas diferentes. Es la reedición de la lucha por la hegemonía interburguesa y todas ellas formando parte del bloque en el poder.

En ese contexto, el casi 20% obtenido por el Partido De la Gente, PDG, es una muestra del descontento social que este partido populista de derecha ha sido capaz de canalizar. Como populista fue lo suficientemente hábil de poner en el centro la consigna de “ni facho ni comunacho” queriendo decir ni derecha ni izquierda en el sentido que ambas posiciones, izquierda (socialdemócrata) y la derecha fascista al final de cuenta son lo mismo. Lo que en lenguaje popular llaman “la clase política”, “los políticos siempre se arreglan entre ellos”, “gane quien gane igual tengo que trabajar”. Ese sentir popular, que es cierto expresa la desafección hacia el sistema democrático burgués y también hacia el estado-gobierno como incapaces de resolver los problemas de la vida diría de las grandes mayorías.

El problema de fondo en estas elecciones, o uno de ellos, es que el descontento y la crítica radical la supieron interpretar las cuatro expresiones de la derecha fascista representados en los candidatos Kast, Kaiser, Matthei y Parisi y no la izquierda sistémica-progresista, Jeanette Jara y Marco Enríquez-Ominami ni menos Eduardo Artés del Partido Comunista (Acción Proletaria). ¿Por qué la derecha ha sido capaz de aquello?

Porque la izquierda progresista o socialdemócrata, la nueva derecha en otras palabras, hizo abandono de la clase trabajadora y dejó de actuar desde la contradicción capital y trabajo. A la vez, la izquierda revolucionaria o los colectivos que desde esa perspectiva se construyen desde el antagonismo electorero tampoco ha sido capaz de levantar cabeza y ser los genuinos instrumentos capaces de canalizar el descontento desde dentro del pueblo y los trabajadores y de levantar un planteamiento radical que interprete a las masas. Así, los explotados quedan a merced de las dos coaliciones mayoritarias burguesas: progres y fachos. Tanto así que no hubo ninguna iniciativa de coordinación por el Voto Nulo o por la Abstención como una forma de dar una lucha ideológica contra el oportunismo de la izquierda, de la traición perpetua del progresismo y de levantar un discurso antifascista real, genuino. Se guardó silencio más allá de publicaciones y declaraciones que aparecieron tardíamente y que no permitieron conducir un activo mínimo.

Lucha de clases y elecciones

La fuerza laboral en Chile asciende a 10.2 millones donde el 29% tiene empleo formal, el 25,8% empleo informal y el 44,3% empleo endeble (Fundación Sol). El padrón electoral es de 15.779.102 de los cuales esos 10.2 millones son trabajadores y trabajadoras. También el 1% más rico de Chile concentra casi el 50% de la riqueza. Aun así, casi el 98%, aproximadamente,  de los que concurrieron a votar (sin contar nulos, blancos, abstención) votaron ya sea por la antigua derecha fascista o por la nueva derecha progresista, vale decir, por una de las dos facciones representantes de los intereses oligárquicos e imperialistas. Esto quiere decir, que la clase trabajadora, los pobres de la ciudad y del campo, el proletariado, etc no cuenta con una alternativa propia ni referente que represente genuinamente sus intereses de clase ni desde dentro del circo electoral como tampoco desde fuera de este ni desde fuera del estado o de la institucionalidad.

Lo anterior no quiere decir que la clase trabajadora no viva una situación angustiante y de precarización acelerada de sus vidas. La pobreza alcanza el 22%, sino más. El déficit habitacional es dramático y en la actualidad Chile tiene más campamentos de sin casas en su historia reciente. Cada año mueren en las listas de espera de salud 40.000 trabajadores. La salud mental hace estragos manteniendo Chile el primer lugar cuya juventud más consume drogas y con las más altas tasas de suicidio juvenil. Pero aun cuando las condiciones objetivas estén dadas, el factor conciencia no avanza como tampoco avanza la conformación de una organización revolucionaria que pudiera canalizar ese descontento por cuanto no existe hasta el momento el correcto análisis, la correcta interpretación de la lucha de clases y de las clases mismas lo cual se refleja en una ausencia absoluta de una estrategia revolucionaria de poder, de una táctica similar, y/o de una Oposición Anticapitalista y de una Alternativa Popular Revolucionaria.

El carácter obligatorio de las elecciones, de ir a votar, es una forma más de represión y una forma de prohibir que el proletariado exprese su rechazo al sistema actual mediante la abstención electoral, mediante la huelga electoral. La obligatoriedad de votar oculta así la expresión concreta en el plano electoral del profundo descontento. El abstencionismo es también una posición política de clase.

Ahora, como siempre ha sucedido, los progresistas, es decir, una de las facciones burguesas en disputa por la hegemonía, tratará de chantajear a la clase trabajadora para que voten por ellos de la misma forma que lo hará la derecha fascista, es decir, la clase trabajadora se verá enfrentada a elegir qué facción burguesa desea que la explote durante los cuatro años siguientes. ¿Por qué un explotado debería rebanarse los sesos y estar obligado a elegir entre uno u otro explotador? La explotación no se distingue entre fascistas y progresistas es explotación en sí.

Las masas están a merced de los proyectos políticos burgueses más allá que haya habido casi un 20% de personas que se abstuvieron de ir a votar o que votaron en blanco o nulo y aún así la lucha de clases continúa y las condiciones objetivas siguen estando presentes a la espera que se transforme en subversión, en insurrección popular y a que nazca la organización revolucionaria que se requiere.

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