CUENTA PÚBLICA: ENTRE BURGUESES NO HAY CORNADAS

CUENTA PÚBLICA: ENTRE BURGUESES NO HAY CORNADAS

«En Chile, lenta pero visiblemente durante la última década, la función estatal de resguardo del orden público se ha visto debilitada de forma sensible. En consecuencia, hemos experimentado en primera persona la fragilidad del orden social. Después de los traumas que dominaron la segunda mitad del siglo xx chileno, en la década de 1990 pareció que el retorno a la democracia recomponía los fundamentos de la convivencia social en varios sentidos: restauró la posibilidad de diálogo, introdujo preocupaciones sociales por la libertad y la igualdad, y reconstruyó un sentido de optimismo en las posibilidades del país. Pero ese optimismo no duró largo tiempo». 

Introducción, Violencia en Chile. La Fragilidad del Orden Social

Este 1 de junio se realizó la primera cuenta pública del primer gobierno del Partido Republicano donde Kast es el primer presidente que públicamente se define como pinochetista, amigo de Paul Schaffer y de Villa Babiera, uno de los votantes por la Opción Sí durante el plebiscito de 1988, integrante de las corrientes fascistas a nivel mundial donde coincide con Bolsonaro, Bukele, Meloni, con Trump y con el partido Vox de España. Con todo el gobierno de Kast no es un gobierno de ruptura con lo que se ha realizado desde 1990, y como se definió la transición desde antes del 90, sino que es fundamentalmente un gobierno de continuidad. 

La cuenta pública se realiza en medio de la negociación de la Reforma Tributaria (o Ley Miscelanea) la cual probablemente será aprobada con un sector de l «oposición». La disputa entre los distintos partidos burgueses o bloques burgueses no está en torno a la superación supuesta del neoliberalismo (bloque burgués progresista) o la mantención del neoliberalismo y su radicalización (bloque burgués fascista) ahí no está la pugna. La pugna es por quién administra de mejor forma el neoliberalismo, quien lo hace más eficiente para entrar a una nueva etapa dentro de ese mismo modelito de explotación capitalista. El progresismo ya no desea superar o enterrar el neoliberalismo sino que ha optado ser parte de él y reconocerse como uno de sus hijos y para ello debe expresar las coincidencias fundamentales con la derecha fascista y una de esas coincidencias es cuidar a la «gallinita de los huevos de oro» que para ambos bloque constituye los más ricos, el empresariado por ello el fortalecimiento de las AFPs (reforma de Jeannette Jara), la entrega del Litio a SQM y la renuncia a su nacionalización, el salvataje de las Isaprres, la militarización del Wallmapu, las sesenta leyes represivas de Boric junto con la creación del Ministerio de Seguridad Pública y la aprobación de la nueva Ley Anti Terrorista (LAT), la aprobación reciente de la nueva Ley de Inteligencia 21.821 (30 de mayo, 2026) por parte de Kast, el apoyo irrestricto a los cuerpos armados y policiales represivos y su carácter contrainsurgente (Boric-Kast) las agresiones contra Cuba, Venezuela y Nicaragua en todo ello y más allá de esto hay pleno acuerdo entre ambos bloques o facciones burgueses. 

La tendencia inflacionaria de la violencia

Desde 1990 hasta hoy, la crisis del capitalismo se ha ido agudizando y ese profundización de la crisis ha llevado al desarrollo de nuevas estrategias represivas y construcción del enemigo interno. La «agenda publica», el discurso político dominante está cada vez más violento, militarizado y fascistizado. Desde el poder se ha normalizado el uso cotidiano de conceptos como «violencia física», «violencia legítima», «violencia iliegítima», «justificación de la violencia», «violencia psicológica», «violencia terrorista», «represión violenta», «protestas violentas», «estallido delictual», «estado de excepción», «militarización», «estado de guerra», «violencia desatada», «violencia diaria», «enemigo poderoso», «declarar la guerra», «guerra civil», «uso legítimo de la fuerza», «combatir el terrorismo», «violencia del terrorismo», «violencia escolar», «crimen organizado», «narcoterrorismo», «inmigrante ilegal», «escuela segura», «militarización de las fronteras», etc. Todo esto ha ido afinando el concepto actual del enemigo interno donde la prensa mercenaria ha jugado un rol central.

Es en esta cuenta pública donde Kast no sólo habla del tema predilecto de «seguridad y orden» como uno de sus ejes de gobierno sino que es primera vez que desde esa tribuna se dirige e identifica a dos de sus enemigos internos: el movimiento mapuche específicamente la Comunidad de Temucuicui y los Overoles Blancos. Estas menciones tienen como finalidad deslegitimar ante la «opinión pública» al movimiento mapuche y estudiantil tanto en sus protestas (criminalización) como en sus demandas esto como una forma de justificar futuras represiones y montajes judiciales-periodísticos. 

Junto a lo anterior, si la Ley Anti Terrorista de Boric introduce la «Apología del Terrorismo», como también el «lobo solitario», que no es más que la reivindicación y actualización del artículo 8 de la original Constitución de 1980, la de Pinochet, que castiga y persigue ideas, pensamiento y opinión la nueva Ley de Inteligencia permite medidas intrusivas que entre otras facultades vulneran los derechos humanos. 

Si Kast en su discurso continuó con las alabanzas a los cuerpos represivos armados, como lo hiciera Boric en su momento, anunció también las 7 Fuerza de Tareas. ¿Cuáles son estas?

  1. Fronteras y Puertos: control y fiscalización de accesos
  2. Secuestro y sicariato: prevneción y persecución de estos delitos
  3. Ciberdelito: investigación y combate de delitos informáticos
  4. Crimen organizado: estrategia contra bandas delictuales
  5. Mercados ilícitos: desarticulación de comercios informales y contrabando
  6. Finanzas criminales: persecución del lavado de activos y patrimonio ilícito
  7. Violencia en la Macro Zona Sur: abordaje integral de la seguridad en dicha zona

Si a simple vista estas fuerzas de trabajo tienen toda lógica dentro de cualquier estrategia de orden y seguridad sabemos que el discurso antidelictual no tiene como su principal objetivo el crimen organizado sino que su entramado legal-represivo se construye contra el pueblo movilizado, contra los movimiento sociales y en esa estrategia de combate contra el enemigo interno se hermanan progresistas y fascistas sin ningún complejo, vergüenza ni remordimiento. La continuidad represiva de Kast se da ante la fragilidad de la economía que no logra repuntar, donde la cesantía va aumentando, el empleo informal va por las mismas y donde las recetas de uno u otra facción burguesa no dan en el clavo para revalidar la economía capitalista y la democracia burguesa  lo cual hace factible futuras revueltas populares ante lo cual todas las expresiones del bloque en el poder se unen en defensa de los intereses de clase y del sistema de explotación capitalista. 

Las paradojas de la violencia

Resulta interesante, y a la luz de los últimos acontecimientos represivos y de protesta social, lo que se señala en el libro Violencia en Chile. Fragilidad del Orden Social (Aldo Mascareño, Rodrigo Vergara y Nicole Gardella, Editores. Centro de Estudios Públicos – Fondo de Cultura Económica, 2025). ¿Qué dice? 

En el capítulo 1 Economía Tanática de la Violencia: Usos Conceptuales en Chile, 2017-2024 (Aldo Mascareño, Juan Rozas, Pablo A. Hneríquez, Sandra Quijada y César Gamarra, CEP) señala: 

«…hoy se está dispuesto a renunciar a las libertades públicas y privadas para el control de la delincuencia. Sobre ello prima la semántica de la «violencia desatada» que exige «declarar la guerra» a la delincuencia, sin atención a consecuencias. Esto es un anuncio de creciente autoritarismo como producto de la ineficiencia del Estado de derecho en la aplicación de su poder y su fuerza para fines efectivos de control del delito -como hace más de un siglo advertía Dewey». 

Ese «creciente autoritarismo» al que se hace referencia es lo que desde el campo popular llamamos proceso de fascistización y donde ellos señalan la disposición a «renunciar a las libertades públicas y privadas para el control de la delincuencia», nuevamente desde el campo popular se denuncia en los montajes judiciales contra los comuneros mapuche, en la aplicación del derecho penal del enemigo, en el fascismo penal y fascismo jurídico, en la inclusión de la Apología del Terrorismo y del Lobo Solitario en la Ley Anti Terrorista, en la nueva ley de inteligencia y en la normalización de la represión policial cada vez que se ejerce el derecho a la protesta social. La brutalidad policial, o mejor dicho el terrorismo policial, y su validación y apoyo por parte de las autoridades políticas tiene como finalidad no sólo permitir esa visión terrorista en el control del orden publico sino deslegitimar el derecho a la autodefensa y a la rebelión de quienes sufren los embates del un aparato estatal que cuenta con el monopolio de la fuerza y que utiliza ese monopolio de la fuerza, en forma brutal, para imponer la legitimidad de un sistema que a los ojos del común se cae a pedazo y que ya nadie lo hace suyo. El poder burgués se sabe frágil. El pueblo aun no se da cuenta del todo de esa fragilidad. El dia que adquiera plena conciencia de su fragilidad esencial, que es un poder construido sobre un castillo de arena, entonces, el poder burgués tendrá sus días contados. En el intertanto, quienes detentan el poder pondrán de moda rebeldes sistémicos (progresistas o defensores del gente) para entretener y confundir. Distraer de esa forma de conciencia sobre el posible derrumbe definitivo. 

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