ESTRATEGIA Y DEBATE. 21 TESIS MARXISTA SOBRE CHILE

ESTRATEGIA Y DEBATE. 21 TESIS MARXISTA SOBRE CHILE

«No hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria» esa parece ser la máxima aunque se podría pensar también que esa práctica revolucionaria se debe fundamentar sobre una teoría revolucionaria, o más bien, sobre una teoría sobre la revolución. Lo que se presenta aquí, y en buena hora, es el aporte de los compañerxs del Colectivo de Pensamiento y Acción Marxista Teresa Flores sobre nuestra realidad. Es un muy buen aporte tanto por su contenido, porque invita al debate revolucionario pero por sobre todo porque es un esfuerzo teórico, intelectual sobre lo que ocurre hoy en Chile y cómo a partir de ahí se debe comenzar a construir lo fundamental: el Instrumento Revolucionario. Bien por el Colectivo, ¡Felicitaciones! ¡La Rebelión Se Justifica!

Texto completo

Las tesis expuestas a continuación, tienen el propósito de presentar una posición y de abrir un debate de ideas sobre programa anticapitalista, clasista y revolucionario. El trabajo que ofrecemos obedece a la necesidad de constituir una fuerza de izquierda, actualmente inexistente o que carece de objetivos. Tal necesidad implica un proceso de discusión permanente sobre programa.

 Buscamos proponer una interpretación marxista de la crisis capitalista a través de las siguientes veintiún tesis y, en un próximo texto, una interpretación del estado de la lucha de clase en la contingencia de un sistema político desgastado. No pretendemos exponer soluciones, sino definir el movimiento de la sociedad y su contexto. Nuestra intención es ofrecer una base teórica y un análisis crítico que permitan definir ideas mínimas para un debate sobre objetivos revolucionarios, programa y métodos de lucha. Dirigimos estos planteamientos a los diversos colectivos de la izquierda anti capitalista, a las y a los revolucionarios que, aunque huérfanos de organización, militan en las ideas de la emancipación social. Advertimos que de nada nos servirá cultivar el activismo y la agitación en este momento histórico, si no existe en ello una base sólida sobre la que construir un proyecto concreto de transformación social. 

Colectivo de pensamiento y acción marxista Teresa Flores, diciembre 2023  

  ¿Qué decimos los comunistas sobre el Capitalismo, su crisis crónica y la posibilidad de superarlo?

 I. SOBRE EL CAPITALISMO: UN SISTEMA DE DEPENDENCIAS, EN CRISIS 1. El capitalismo no es reformable.

 2. El fin del modo de producción capitalista es la generación y maximización de ganancias. Al estar todos abocados a un crecimiento constante, ningún capitalista escapa a las relaciones de competencia. Éstas imponen a los capitalistas la obligación de someterse a las determinaciones estructurales del capitalismo. Esto es: a) mantener la suma de los costos productivos lo más bajo posible, b) asegurar un crecimiento constante, c) acelerar la producción, d) desarrollar e innovar las fuerzas productivas, e) crear nuevos mercados y expandir los ya existentes, f) desarrollar los sistemas logísticos. Determinado estructuralmente al crecimiento económico, que no es sino el aumento del capital, el capitalismo ha transformado al mundo entero en el escenario de sus operaciones.

 3. El alto desarrollo de las fuerzas productivas ha generado las condiciones de posibilidad bajo las cuales se podría ofrecer al conjunto de la humanidad los más altos niveles de vida que ésta haya experimentado en su historia. En su lugar, lo que este desarrollo ha propiciado es, por un lado, una enorme sobreproducción de riqueza material a la que solo una pequeña parte de la humanidad tiene acceso. Y por otro, una crónica sobre acumulación de capital, sin mejores alternativas para su reproducción que la especulación financiera. Una vía rápida hacia la generación de ganancias que dispone de una base tecnológica que le permite la movilidad de capitales a tiempo real y en todo el planeta. Esto, no solo ha dado paso al dominio del capital financiero sobre el capital productivo, generando sus ganancias a costa de una sobre producción de deuda. También ha generado una crisis crónica del capital, solo contenida por la absorción de la deuda por parte de los Estados a través de sus Bancos Centrales. Es decir, socializando las pérdidas del negocio capitalista, sin otro objetivo que asegurar el crecimiento corporativo de las entidades privadas que conforman las economías nacionales. 

4. La economía capitalista solo puede llevar a cabo su crecimiento económico, que no es sino el aumento del capital, a costa de destruir sus dos principales fuentes de enriquecimiento, la naturaleza y el ser humano. Una economía que mide su éxito a condición de un crecimiento permanente, no es compatible con un mundo de recursos finitos. Como comprueban los informes sobre la crisis medioambiental elaborados por el Panel Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático.

 5. La crisis del capital consiste en que, a pesar del alto desarrollo de la base técnica del capital productivo y financiero, la reproducción del capital deja de ser posible. La obstinación de crecer, en principio, sin límite, choca contra los límites que impone la realidad material. Por esta razón, la crisis capitalista cobra formas múltiples. Como crisis    ecológica, debido a la sobre explotación de recursos y la sobre producción. Como crisis social, debido a la reducción de los costos productivos que afecta los salarios y con ello la capacidad de consumo -que sufre la necesidad de ser sostenida mediante el aumento de la deuda-. Como crisis política, debido a que la precarización del empleo y de la vida motiva a las personas a cuestionar la legitimidad de sus gobiernos y de su clase política. Pero también, aunque en menor medida, los motiva a cuestionar la viabilidad, tanto del sistema económico, como del de dominio, que organiza y da expresión jurídica a sus vidas. Es decir, el Estado y sus instituciones. 

6. La crisis capitalista agudiza la competencia por el control de los mercados y condiciona a cada Estado a hacer uso de todos sus recursos para asegurar cuotas de crecimiento de la economía sobre la que domina.

 7. En su historia, cada crisis del capital ha dado lugar a una reconfiguración del orden global. Crea un nuevo orden en la división internacional del trabajo, y con ello, nuevas relaciones de dependencia. Cada crisis deja al descubierto el antagonismo de clases que prima en la sociedad capitalista. Pero también descubre el estado de conciliación que han impuesto los Estados entre dos clases con intereses irreconciliables: la capitalista y aquella que depende del salario para su subsistencia. Por ello, cada crisis dibuja un momento de posibilidad para la superación de ese orden. Sin ser condición necesaria, ni garantía de ello.

 8. La crisis es inmanente al modo de producción capitalista. Cada exitoso proceso de reproducción del capital, produce las condiciones de la siguiente crisis.

 9. Todas las economías del mundo organizadas bajo la lógica del modelo de crecimiento por la vía productiva, también llamado Fordismo, entraron en crisis hacia comienzos de los años setenta. Una crisis global de sobre producción (acompañada de una revolución en la base tecnológica del capital) dio paso a un enorme proceso de desindustrialización de las economías desarrolladas. Éstas reorganizaron su producción en un sistema de red global de módulos productivos emplazados en países que ofreciesen mejores condiciones para la reproducción del capital y la apertura y control de nuevos mercados. Ello inauguró un nuevo proceso de acumulación originaria. Un nuevo ciclo de capitalización abrió el paso para la reproducción del capital por la vía financiera. A nivel ideológico, esto significó un retorno a los principios liberales que rigieron la economía hasta la crisis global de la primera y segunda Guerra Mundial. Una doctrina económica, un modelo de crecimiento fracasado, resucitó de entre los muertos: el Neoliberalismo.

 10. En Chile, el proceso de capitalización y, en consecuencia, la liberalización de la economía, fueron impuestos por la violencia general del capitalismo sumido en una crisis global y por la violencia particular de una dictadura militar que, demandada a la vez por el interés capitalista internacional y nacional, acabó de un golpe con el proyecto socialista de la UP. Ello demuestra que, tanto el intento de liberar a la economía nacional de la posición que la competencia imperialista entre naciones le había impuesto en la división internacional del trabajo, así como el programa político que se proponía un control sobre las fuentes naturales de riqueza, impulsando un desarrollo productivo y  ejerciendo control real sobre el capital financiero, no eran -ni han llegado a sercompatibles con el éxito y los intereses de las economías desarrolladas. 

11. El modelo de crecimiento impuesto con la liberalización global de la economía, fue asumido por la clase capitalista nacional y transformado en doctrina y política económica de su Estado. Cada gobierno, desde la dictadura hasta hoy, ha trabajado consecuentemente en la profundización y mejoramiento de los sistemas de administración de este orden económico: a) sometiendo a la economía a un rol extractivista, b) ampliando las expresiones jurídicas que benefician el crecimiento del capital financiero, c) privatizando la totalidad de las relaciones económicas, d) sometiendo a la economía estatal a una función subsidiaria del negocio privado. 

12. Todo Estado es el principal capitalista de la sociedad capitalista. En tanto tal, está sometido a las mismas leyes que determinan las relaciones económicas bajo el modo de producción capitalista. Todo Estado calcula y asegura el éxito que espera de la economía sobre la cual domina, haciendo uso de su derecho de mando, tanto sobre capitalistas, como sobre asalariados. El Estado administra la relación entre el trabajo asalariado y el capital mediante la violencia del derecho. Por esta vía, una relación entre clases con intereses antagónicos e irreconciliables, es presentada por el Estado como si se tratase de una relación colaborativa. El Estado es la violencia política de la sociedad capitalista y exige tributo por este servicio. Un servicio que se demuestra aún más violento cuando se observa que no es pagado por quienes se ven beneficiados, sino principalmente por quienes se ven perjudicados por éste: la clase dependiente del salario. En este sentido, el Estado administra una relación social particular: los servicios de una clase para (el aumento de) la propiedad de la otra.

 13. La sociedad capitalista se funda en un sistema de dominio impersonal: los actores individuales representan roles sociales. Los individuos asumen la imposición de una función productiva. (Para pesar de la clase dependiente del salario, solo la clase capitalista se identifica con su rol e intereses de clase objetivos). 

14. Capitalistas compran fuerza de trabajo (cuyo precio calculan como costo productivo, fijado en el contrato laboral como salario a ser pagado) solo a condición de que de su empleo resulte un aumento de sus riquezas. El trabajo ajeno debe ser rentable. Para el mundo empresarial, el balance positivo de un negocio consiste en que la relación entre el costo y el valor creado por el trabajo en forma de mercancías para la venta, proporcione un superávit (es decir, un plusvalor). Toda relación asalariada está sometida a este principio. De ello podemos concluir un par de cosas relevantes respecto al trabajo asalariado: a) al contratar a los trabajadores, los capitalistas se aseguran una fuente de dinero que se manifiesta como propiedad en forma de mercancías vendibles. Es decir, productos cuyo valor de uso consiste en que pueden ser convertidos en dinero. Ergo, la función real del trabajo asalariado en la sociedad capitalista es la de ser fuente de dinero. b) El trabajo empleado siempre produce más valor de lo que le costó al empleador comprar la fuerza de trabajo. Ergo, el trabajo crea valor. c) Capitalistas se apropian de una parte del producto del trabajo ajeno, de un valor producido, por el cual no pagan. Ergo, el trabajo asalariado solo beneficia a los propietarios de capital. En esto consiste la  explotación capitalista como forma de apropiación del producto de trabajo ajeno no retribuido. 

15. En el mercado, los ingresos de los asalariados son reclamados como medio para transformar las mercancías en dinero, y en función de ese interés, nunca son lo suficientemente altos. Pero, por otro lado, los salarios son costos para el balance empresarial, un gasto necesario para llegar a la ganancia, pero que a su vez la reduce, y en este sentido, siempre son calculados lo más bajo posible. Las consecuencias económicas de esta contradicción estructural son predecibles. Por ello, cada Estado se ve obligado a impulsar constantemente políticas que estimulen el consumo y el empleo. Debido a las relaciones de competencia que priman entre privados, esta tarea solo puede ser asumida por el Estado. 

16. En materia de empleo y de consumo, la política económica estatal se rige por los mismos principios del cálculo capitalista: los empleos son costos productivos y el consumo, una relación de intercambio necesaria para la realización del negocio capitalista: hacerse con el dinero de los consumidores. Cada Estado aborda estas materias según las posibilidades particulares que ofrece la economía sobre la cual domina, imponiendo un marco legal que no tiene otro objetivo que facilitar y promover la creación de nuevos modelos de negocios y la expansión de aquellos exitosos ya existentes. 

17. Del crecimiento de los modelos de negocio de carácter financiero -fomentado por la política económica estatal como vía para estimular el consumo- ha resultado que la capacidad de consumo de los asalariados haya dejado de depender exclusivamente del salario. El crédito ha elevado la capacidad de consumo de la clase trabajadora muy por sobre el nivel de lo que sus salarios realmente les permitirían consumir. Para el cálculo de la economía estatal y la clase capitalista en general, esto ha significado asegurar un éxito relativo de sus propósitos económicos, a pesar del tendencial estancamiento y devaluación histórica de los salarios. En su cálculo económico, el Estado asegura el valor de las deudas acumuladas, de tal forma que éstas actúen como capital real dentro de su economía, aumentando el monto de capital total que da cuenta de su crecimiento económico. Para quienes dependen del salario, en cambio, esto ha significado un grado de empobrecimiento que aumenta en equivalencia al tamaño de su endeudamiento. Pero, sobre todo, también significa una mayor dependencia de sus trabajos y, con ello, la obligación de aceptar las condiciones precarias de los empleos. Por esta vía, el Estado somete a la clase asalariada a los arbitrios del capital y fortalece las relaciones de dependencia sobre las que se reproduce el modo de producción capitalista, que él mismo administra. A través del marco legal, el Estado asegura que la dependencia salarial sea suficiente para mantener las relaciones de endeudamiento, a conciencia de que no lo serán para liberarse de la deuda. La dependencia del salario que sufre la clase trabajadora se agudiza con su dependencia del crédito para poder acceder a las mercancías, bienes y servicios, incluso a lo más elemental para asegurar su existencia. 

18. El negocio financiero, como modelo generador de capital mediante la deuda, se expande en directa relación con el grado de liberalización y de crisis que ha alcanzado una economía dada. La dependencia de una sociedad del crédito para acceder a las  mercancías, bienes y servicios, se ha vuelto un claro indicador de la magnitud de la crisis económica que un Estado cualquiera intenta contener por la vía de la deuda. La contención de la crisis es la razón por la cual la estimulación del consumo por la vía del endeudamiento, se ha vuelto materia central de las políticas económicas estatales. 

19. Este esbozo general de las relaciones capitalistas de producción y la sociedad que surge de ellas, dibuja el contexto real de las crisis vividas en los últimos años en diferentes países. Y aunque muchas de ellas de expresan como crisis políticas, su trasfondo real, es una profunda crisis del modelo económico. 20. No son los excesos del capitalismo los que generan sus crisis, sino su normalidad. 

21. En el transcurso de su experiencia práctica, todo asalariado llega a realizar observaciones acertadas sobre el funcionamiento estructural del capitalismo. Toda persona que dependa del salario sabe que, a pesar de todos sus esfuerzos productivos a lo largo de su vida, nunca logrará liberarse de esa dependencia. Sabe también, que el trabajo solo enriquece a quienes pagan por él y no a quienes lo realizan. Entiende, por ende, que la fuente de la que se pueda valer un individuo para obtener el dinero, es determinante respecto de la función económica que se verá obligado a asumir en las relaciones productivas. Para nadie es un misterio que, en estricto rigor, solo existen dos fuentes posibles: a) la venta de la propia fuerza de trabajo a cambio de un salario, y b) el uso de la propia propiedad como capital, ya sea para la compra de la fuerza de trabajo ajena o como fuente de renta. Aunque quienes dependen del salario realizan observaciones correctas, sus conclusiones al respecto, no siempre lo son. Fantasean, por ejemplo, con liberarse de la dependencia del salario por la única vía que observan como posible: cambiar la fuente de la que obtienen su dinero. Es decir, volverse ellos mismos capitalistas, mediante algún emprendimiento. En cada porfiado intento, quienes emprenden esta vía, descubren que el camino hacia sus expectativas está bloqueado por el orden económico que rige en la sociedad capitalista. Descubren, en primer lugar, que necesitan un capital que no poseen. En caso de llegar a obtenerlo, asumiendo el riesgo de un crédito, descubren luego que su éxito depende de si pueden cumplir las imposiciones básicas que rigen sobre los capitalistas: a) poseer una magnitud de capital suficiente, b) mantener los costos productivos (salarios, medios e insumos necesarios) lo más bajos posible, c) conseguir un retorno sobre la inversión que asegure un crecimiento constante. Descubren, finalmente, algo que ya intuían: sus ganancias y el aumento de éstas, depende del trabajo ajeno y del bajo costo que paguen por él. Todo esto que los asalariados aprenden de forma práctica sobre el funcionamiento estructural de la sociedad capitalista, basta, en principio, para extraer una conclusión mucho más simple y evidente: la sociedad capitalista es un sistema de dominio que impone a los individuos funciones económicas preestablecidas, como dependiente del salario o como capitalista. En otros términos, la sociedad capitalista es una sociedad de clases antagónicas, cada una con intereses objetivos y, entre sí, irreconciliables.

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