
A 32 AÑOS DE LA CARCEL DE ALTA SEGURIDAD

Fue un 20 de febrero de 1994 que se produce el primer traslado de prisioneros políticos a la Cárcel de Alta Seguridad en Santiago. Sería también el 22 de octubre del mismo año que se produciría el segundo traslado de prisioneros políticos, 37, teniendo en esa primera etapa un total de 88 presos políticos. Todos compañeros militantes revolucionarios del Mapu Lautaro, del MIR y del FPMR. En este período hubo 500 presos políticos todos los cuales fueron torturados y muchos de ellos sometidos a la doble condena, es decir, tanto por la justicia militar como penal.
A 32 años de cumplirse desde ese primer traslado, 20 de febrero 1994, y ante la reciente sentencia favorable al comandante Ramiro en la Corte Interamericana de Derechos Humanos como también ante la aplicación de la Ley Naim-Retamal donde el carnicero Crespo queda libre de polvo y paja, resulta necesaria mirar hacia atrás y darnos cuenta que con ese trozo de la historia de la prisión política en Chile existen aún cuentas pendientes, evaluaciones por hacer y una memoria que recobrar.
Eran los primeros años de la transición y donde todos los partidos burgueses junto a la izquierda entreguista que desde fuera luchaba por ser incorporado a la mesa de mantel lago del patrón buscaban «apaciguar» la sociedad de tanto elemento «subversivo» que no contento con el pacto transicional buscaban nada más ni nada menos barrer con toda la herencia de la dictadura.
Desde la instalacion del golpista Aylwin, la primera tarea era combatir la subversión. Buscaron en España, en los Grupos GAL la musa inspiradora y en todas las violaciones a los derechos humanos en la guerra sucia del Estado español contra ETA como de otras latitudes. La aniquilación del movimiento revolucionario armado y del movimiento popular construido en dictadura era el objetivo principal.
Uno de los trabajos fundamentales es el perteneciente a Pedro Rosas, Rebeldía, Subversión y Prisión Política que anexamos a continuación.
REBELDÍA, SUBVERSIÓN Y PRISIÓN POLÍTICA. CRIMEN Y CASTIGO EN LA TRANSICIÓN 1990-2004
Como sucede muchas veces con las luchas que se dan, si la lucha inicial por cambiar el régímen carcelario de aniquilamiento fue el objetivo principal, lo cierto es que la Cárcel de Alta Seguridad continuó su historia llegando hasta nuestros días. El movimiento de familiares, al no contar con un movimiento sólido y también como consecuencia del hostigamiento y persecución que realizaban las policías y los servicios de inteligencia agrupados en La Oficina. Lo cierto es que esa Cárcel de exterminio se debe cerrar porque su objetivo principal era precisamente un objetivo genocida y uno de los símbolos de la contrainsurgencia impulsada por el progresismo en concordancia con la derecha fascista. La vergonzoso de esta historia es que dos de los directores fundacionales de La Oficina, Marcelo Schilling (socialista) y Jorge Burgos (demócrata cristiano), posteriormente ocuparon cargos y responsabilidades de gobierno como si nada como también en el parlamento y Claudio Martinez (socialista) el primer director de la CAS tiene tiempo incluso para escribir libros como si no supiera de violaciones a los derechos humanos.
Si bien la lucha tenaz del conjunto de los presos políticos de la CAS permitió fundamentalmente el cambio de régimen, lo cierto es que lo que le pone una lápida a esa mole indigna es la Operación Vuelo de Justicia del FPMR, 30 de diciembre de 1996, donde se fugan en helicóptero Ricardo Palma, Pablo Muñoz, Patricio Ortiz y Mauricio Hernández que ahora ha ganado una batalla en la CIDH.
La importancia de comprender esa época y la lógica contrainsurgente de ese entones es porque ese es el fundamento de las políticas represivas de hoy y de la existencia de 140 presos políticos de los cuales en su mayoría son mapuche. Quizás la principal diferencia entre ambas épocas es que en los 90s se logró constituir un movimiento de familiares y de presos políticos unido y hoy ambas se encuentran dispersos o fragmentados.
Así, como el antiguo movimiento de derechos humanos lucho por apagar la mal llamada Llama de la Libertad, luchó por cerrar las cárceles de lujo a los genocidas, hoy es necesario también luchar por el cierre de la CAS y también llevar a la justicia a sus mentores, directores e ideólogos como también luchar por la libertad de todos los presos políticos.

