
REVISTA EL TOPO, Nº 87: LA BANALIDAD DE LAS ELECCIONES

Comentario Previo
Nuevamente, la editorial El Topo, Nº 87, es un cierto. En Chile no hay nada más banal, carente de todo contenido que las elecciones y esa banalización que lleva al abstencionismo masivo, si no fuera por la obligatoriedad de las elecciones a riesgo de las penas del infierno, este ganaría todas y cada una de las elecciones por paliza. Y no es menor ya que la clase dominante mediante esta banalización se caba su propia tumba que lleva a la desconexión y separación absoluta entre el pueblo y los gobernantes tanto es así que hoy el 98% rechazan a la clase polítca. La banalización de las elecciones es a la vez la banalización del ethos de la democracia burguesa.
LA BANALIDAD DEL MAL Y LAS ELECCIONES
La banalidad del mal: El concepto acuñado por Hannah Arendt demuestra que entre la vida normal y la defensa del crimen puede haber solo un paso. Arendt desarrolla esta idea en su libro “Eichmann en Jerusalén”. Un estudio sobre la banalidad del mal” (1963). Si bien es cierto que su origen se remonta a los juicios por las atrocidades cometidas por el régimen nazi, el planteamiento de la escritora alemana sobre la banalidad del mal se mantiene vigente hasta hoy.
La banalidad es algo carente de importancia, algo trivial, común, superficial, intrascendente. Banalizar algo es convertir algo de importancia en algo sin gran importancia, común y corriente.
Arendt asistió al juicio de Adolf Eichmann, un nazi responsable de la implementación de la “Solución Final” durante el Holocausto. Describe cómo actos atroces, como los del Holocausto, pueden ser perpetrados por personas aparentemente normales que obedecen ciegamente a la autoridad y dejan de reflexionar sobre las consecuencias éticas de sus acciones.
Esta actitud de banalización no solo se vio durante el exterminio nazi, que sino se observa en la actitud frente a la carnicería actual en Gaza, desarrollada frente a nuestros ojos y difundida por todo el planeta por los medios de comunicación, donde no solo está presente la total indiferencia, sino, peor aún, su justificación.
Sin embargo, esta banalización del crimen no es solo el acto de burócratas que obedecen órdenes. Cómo podemos denominar a personas pobres, obreros, empleados, que apoyan discursos delirantes como los de Johannes Káiser o José Antonio Kast que reivindican el nazismo, la dictadura y el genocidio en Palestina y plantean entrar a sangre y fuego en el territorio mapuche o perseguir y encarcelar a cualquier militante que se rebele contra el sistema.
La banalización del crimen es una forma que adopta la alienación. La alienación es la desconexión o separación que experimentan los trabajadores en relación con su trabajo, su producto y su relación con los otros seres humanos bajo el capitalismo. La propiedad privada de los medios de producción y la explotación laboral generan alienación porque los trabajadores no tienen control sobre su trabajo y su producto. Una de las consecuencias de la alienación es la deshumanización.
La alienación puede generar deshumanización. Las personas que banalizan el crimen pierden la capacidad de comprender la dignidad intrínseca de las otras personas, lo que permite la realización de actos inhumanos y/o su defensa. El enemigo, el capitalista, desaparece, y es el compañero de clase, el otro trabajador, el que se convierte en enemigo. El que tiene la piel distinta, el negro, el mapuche, el extranjero. El que aliena la vida del trabajador queda oculto.
La alienación es parte constitutiva del sistema capitalista. Solo es posible cambiar el mundo a través de una revolución radical. Toda reforma del mundo vigente no hace más que seguir legitimando las condiciones de dominio de una clase por otra.
El problema es el sistema. Como escribió Bertolt Brecht: “Entonces, ¿de qué sirve la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina?”.
Editorial Revista El Topo 87

