POR UNA NUEVA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA. REVISTA EL TOPO Nº 90

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La operación electoral-parlamentaria que está en curso, es la culminación del “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución” de 2019 y cuyo principal objetivo ha sido recuperar el orden social. Las direcciones políticas (Frente Amplio y Partido Comunista) fueron ellas solas capaces de volver a poner en marcha la economía capitalista y las elecciones programadas. El freno a la lucha popular fue mucho más eficaz, para sostener el sistema, que la represión gubernamental. Su único programa ha sido y es salvar al orden capitalista.

Hace más de un siglo Marx hablaba de esa “… peculiar enfermedad…que aprisiona a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido, de toda memoria, de toda comprensión del mundo real” y a esta enfermedad la llamó “cretinismo parlamentario”.

Este cretinismo parlamentario pone en evidencia que el camino tomado por “progresistas” y reformistas para arrancarles algunas migajas a los capitalistas ha logrado decepcionar a importantes sectores populares haciéndolos más receptivos a las soluciones de extrema derecha. Cuando no se logran cambios significativos, las clases trabajadoras, decepcionadas por la ineficacia de las reformas, pueden, como pasa actualmente, inclinarse hacia ideologías más conservadoras.

Lo que ha logrado el sistema es la despolitización de la sociedad. Quien deja las decisiones en el gobierno o el parlamento solo refuerza el orden burgués. Es justamente el camino contrario el que hay que tomar: hacer de la calle, de las empresas, de las universidades y escuelas los lugares de la vida política, situación que conduzca a cuestionar la naturaleza misma del poder, por lo tanto a una revolución.

Lenin no podía decirlo más claro: “La doctrina de Marx estableció las verdaderas tareas de los revolucionarios: no componer planes de reorganización de la sociedad, ni ocuparse de la prédica de los capitalistas y sus acólitos sobre la necesidad de mejorar la situación de los obreros, sino que organizar la lucha de clases del proletariado y dirigir esta lucha, que tiene por objetivo la conquista del poder político por el proletariado y la organización de la sociedad socialista”.

No será ni a través de las elecciones, ni a través de las instituciones estatales, ni a través de las estrategias de los aparatos sindicales como lograremos avanzar.

Una vez que los revolucionarios hayan asumido una actitud decisiva las cosas empezarán a cambiar en favor del pueblo.

A principios del siglo XX fue la Izquierda de Zimmerwald (Lenin, Rosa Luxemburgo…) la que rompió con el reformismo de la Segunda Internacional. En los años 60 y 70 bajo el impulso de la revolución argelina, china y cubana se constituyó toda una corriente revolucionaria a nivel internacional en oposición y ruptura con las políticas reformistas y colaboracionistas de los partidos comunistas dando una formidable batalla en casi todo el mundo contra el capitalismo y sus principales expresiones: el colonialismo y el imperialismo. Hoy es la hora de avanzar hacia la construcción de una nueva izquierda revolucionaria sacudiéndose del lastre del pasado.

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