¡A LA MIERDA CON BAQUEDANO!

¡A LA MIERDA CON BAQUEDANO!

Fue durante el estallido social del 2019-2020 que la estatua al general Manuel Baquedano, emplazada en Plaza Italia y rebautizada como Plaza Dignidad, fue objeto de furia de las masas y como señalaba la prensa burguesa-reaccionaria «vandalizada» por «resentidos sociales». Pero la verdad sea dicha y es que esa vandalización supuesta no fue más que la justa expresión de la justicia popular siglos después que ese general criminal empapara sus manos en sangre. Sin duda, y coherente con su ideología genocida, los sectores de la derecha fascista, los progresistas vestidos de republicanos y brazo armado de la clase dominante pusieron todos el grito en los cielos. Veamos cómo informaba la prensa reaccionaria sobre este hecho en medio de las movilizaciones multitudinarias. 

Autoridades deciden mantener a Baquedano en el caballo. ¡Pobre caballo! ¡Llega a tener varices!

Crecía polémica por el caballo con mórbido general

Ejército de Chile emite comunicado por el «Baquedano en llamas»

Retiran monumento a Baquedano

Baquedano llega al Museo Histórico Militar. Literalmente estará con los suyos con los momios y momias. 

Pero hace siete meses antes de la campaña presidencial, el nuevo alcalde de Providencia y ex ministro de Piñera, Jaime Bellolio planteó restituir el monumento del obeso en el centro de Santiago, en la zona cero del estallido. Esta idea posiblemente cobrará fuerza ahora que el fascista Kast es presidente. Ahora la fanaticada del generalote enloquecerán para volver a tener al caballo sufriente ahí al medio. Veamos qué dijo Bellolio. 

Pero, ¿qué dice la historia al respecto?

Hace algunos meses apareció el libro «La Esparta Americana. Memoria, identidad y nacionalismo en torno a la Guerra del Pacífico»,  del historiador Gabriel Cid (derecha) también autor de muchos otros libros más.

Avanzando a través de las páginas, nos encontramos con una breve historia y polémica política sobre el monumento a Baquedano, en su época, y en el mismísimo parlamento, en el centro mismo del republicanismo. Veamos qué dice Gabriel Cid en la página 92 y siguientes:

«En adelante el nuevo general en jefe del Ejército comandó las victorias decisivas de las campañas de Tacna y Arica, imponiendo su estrategia predilecta de cargar frontalmente contra las líneas enemigas. Una táctica similar a las desplegada en las batallas estelares de la guerra, Chorillos y Miraflores, que supusieron la captura de Lima. Estos triunfos fueron el momento estelar de la figura de Manuel Baquedano, «el invicto», como el líder del ejército chileno». 

«Su descollante trayectoria militar pronto se vio tensionada por conflictos con el mando civil, especialmente con el nuevo ministro de Guerra en campaña, José Francisco Vergara. La resistencia del general a disminuir el contingente del ejército tras la victoria, y la dificultad de tomar medidas contra él – impulsó a las dirigencias civiles a apresurar su retorno a Chile. De este modo, los homenajes que recibiría en el país cerrarían de manera gloriosa la trayectoria de Baquedano como héroe de la guerra y descomprimirían el ambiente político entre las fuerzas de ocupación en Lima». 

«El retorno de las tropas desde el Perú comandadas por Baquedano supuso su consagración mediática. En uno de los tantos discursos de los que fue objeto, Baquedano fue definido como el líder que con «espada brillante» había conquistado la capital enemiga. «¡Tantos triunfo, general, segados por vuestra espada! ¿Cómo queréis que la patria no esté de gala, si vos le regaláis tan rico y brillante traje», afirmaba la joven Celia Allende. Como apuntó en su diario un testigo, Baquedano era el centro de atención de las ceremonias en la capital. «No hay tienda, puerta, despacho y esquina donde no esté su retrato su nombre, hasta se han acuñado medallas con su esfinge». La portada de El Nuevo Ferrocarril para ilustrar aquellos momentos da cuenta del apogeo de la imagen de Baquedano. 

«Irónicamente, lo que fue pensado como una estrategia para descomprimir las tensiones entre Baquedano y el liderazgo civil de las fuerzas de ocupación en Perú, tuvo efectos políticos insospechados. Rodeado del aura del héroe victorioso, sus adherentes políticos, vinculados al mundo conservador, procuraron capitalizar estos atributo simbólicos, promoviendo la candidatura del general en las elecciones de 1881. Esta no era una apuesta novedosa en la historia chilena. La misma ya había sido ensayada exitosamente cuarenta años atrás, cuando Manuel Bulnes – el general victorioso de la batalla de Yungay – accedió a la presidencia de la República». 

«Baquedano fue levantado como candidato para oponerse a la candidatura oficialista de Domingo Santa María. Para el Partido Conservador, el general representaba el «símbolo querido de las glorias Patrias y objeto predilecto de gratitud, del amor y de la esperanza de los chilenos». Un manifiesto dedicado a «la clase obrera de la república», aseguró que Baquedano podía asegurar el bienestar de las clases trabajadoras, pues durante la guerra había compartido cotidianamente con los soldados de a pie. Por eso nadie sino el general, «que durante dos años ha vivido en intimo contacto con el pueblo, que ha podido apreciarlo en lo que puede y en lo que vale, y que noble admirador de sus virtudes, sabrá protegerlo y alentarlo en la paz». Y saliendo al paso de las acusaciones de «militarismo» que supondría su candidatura, Luis Urzúa afirmó que durante toda su trayectoria pública Baquedano se había sometido al poder civil, por lo que ese riesgo era inexistente. Lo importante para el diputado del Partido Nacional era que sólo la figura del general, en tanto «encarnación de la gloria nacional», consolidaría la unidad. La candidatura de Baquedano sería «la unidad en la acción nacional», justamente por «no haber militado jamás en los partidos por lo que para nadie es una amenaza ni un peligro». Hasta aquí las alabanzas de los partidarios de Baquedano que intentaban aprovechar los «logros» militares de éste para convertirlo en caudillo político. 

Pero más adelante en el mismo libro de Gabriel Cid, se señala:

«Un panfleto de la época aseguró que la candidatura del general representaba el resurgir del «militarismo» que, en los países civilizados constituía una anomalía. Para otros críticos, la cuestión pasaba por la falta de relatos políticos y de gestión de Baquedano, lo que lo inhabilitaba para desempeñar una magistratura como la presidencia. El general, aseguraba el periódico porteño La Patria, podría ser «un glorioso soldado», pero en talentos civiles no se destacaba en ningún ámbito, por lo que su candidatura «representa la espada, sin más título político que la fortuna alcanzada sobre un campo de batalla».

Pero otra opinión tenía, y más dura, tuvo Manuel José Vicuña. «Desde Lima el empresario, veterano de guerra y militante del Partido Radical señaló los peligros de dejar los destinos del país en manos de un «soldado ignorante». Y continúa Vicuña en su Carta Política. Citando a Gabriel Cid nuevamente, «en un juicio lapidario, Baquedano había retornado al país «después de haber probado, en larga campaña, no tener ninguna cualidad militar: ni organizador, ni estratégico, ni valiente». 

El monumento a Baquedano

¿Qué nos cuenta Gabriel Cid sobre el monumento a Baquedano en su libro en páginas 171 y siguientes?

«La última escultura que cierra este proceso de monumentalización bélica del espacio urbano en la década del 1920 fue la estatua ecuestre dedicada al general Manuel Baquedano. Su historia muestra también lo escarpado del proceso, y sobre todo, lo complejo del consenso político en torno a su figura. Aunque tras su muerte en 1897 se había sugerido levantar un monumento, la implementación de esta idea se pospuso por décadas. Sólo en 1922 el proyecto recuperó fuerzas y en 1926 adquirió el rango de ley de la república. De manera sugerente, el debate parlamentario puso en evidencia el disenso político sobre estos homenajes ecultóricos y sus alcances. Así, mientras el diputado Luis Pereira defendió el homenaje porque «la vida entera del General Baquedano, encarnación de nuestras más puras glorias militares, fue un ejemplo de amor y culto a la Patria, de abnegación y disciplina», otros cuestionaron el monumento, aunque invocando razones diversas…Más crítico fue el diputado comunista Salvador Barra Wolf, para quien levantar un monumento a un militar era lo mismo que levantar «un monumento al terror y a la muerte» agregando que Baquedano «conquistó sy gloria dirigiendo matanzas de hermanos nuestros para beneficiar las ambiciones de los capitalistas interesados en la guerra». 

Al final, y por acuerdo del parlamento, el monumento fue inaugurado en las fiestas patrias de 1928 con un discurso del general Carlo Ibañez del Campo. Quedaba así todo en familia, en la familiar militar.

¡Que se vaya a la mierda Baquedano!

Casi un siglo después que Baquedano se haya montado en su caballo, Diamante, vuelve a causar controversia ya no desde el parlamento, estaba vez no hubo diputado comunista que como Salvador Barra Wolf fuese tan claro y tajante, pero por las masas y que ahora la alcaldía y el consejo municipal de Providencia ya acordó la restauración de la estatua aquella y estaría aprobada por el Consejo Nacional de Monumentos y Baquedano volvería antes que Kast asuma, es decir, antes del 11 de marzo. 

Lo cierto es que las incualidades descritas en el siglo pasado sobre Baquedano dan como fundamento que este general en cuestión no tiene los méritos suficientes para estar en el centro de Santiago como de ninguna otra parte. Este monumento no sólo es una ofensa para los pueblos peruano y boliviano ya que festeja una fecha militar como si se tratara de una guerra justa y entre pueblos. De lo que se trata es glorificar algo tremendo como es la guerra y reabre efectivamente una suerte de militarización oligárquico del espacio público entre otras cosas. De volver Baquedno y Diamante, lo que correspondería es la realización de un Tribunal Popular contra el genocida para luego derrocar la estatua del genocidio, etc. De este Tribunal Popular tendrá que salir una sentencia que como todos sabemos se le deberá ejecutar y cumplir. El Pueblo como soberano tiene las facultades suficientes para, nuevamente, sacar al caballo con milico y todo. ¡La Historia Condena a Baquedano! ¡La Historia No Absolverá al criminal! ¡Diamante es inocente!

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