REVISTA EL TOPO. ¿CÓMO LUCHAR CONTRA LA EXTREMA DERECHA?

REVISTA EL TOPO. ¿CÓMO LUCHAR CONTRA LA EXTREMA DERECHA?

A pesar de todo, el pánico y la histeria la sociedad no se está desviando hacia la derecha, sino que se está polarizando.

Los partidos de derecha ganan votos; las bandas reaccionarias y neo fascistas ganan confianza. La crisis del capitalismo es la causa. ¿Cómo podemos contraatacar?

Las amenazas reaccionarias o los debates políticos de contenido racista y de ultraderecha en los medios de comunicación provocan una indignación justificada. Muchos trabajadores y jóvenes se sienten indignados, inquietos y quieren hacer algo al respecto. Para millones de personas, en Chile y en el mundo, la discriminación racial o de género es una realidad cotidiana. Partidos como la Unión Demócrata Independiente (UDI), el Partido Nacional Libertario (PNL) o el Partido Republicano (PR) han crecido y obtienen numerosos votos.

Podredumbre de un sistema moribundo

¿Por qué son tan populares los partidos, individuos e ideas de extrema derecha? La causa es el estancamiento del capitalismo. Cuando un sistema social se encuentra en una profunda crisis, sin ofrecer estabilidad ni progreso, las ideas divisivas y retrógradas encuentran terreno fértil. La clase trabajadora y la pequeña burguesía (comerciantes, pequeños empresarios, etc.) sufren desempleo, escasez de vivienda e inflación. Cuando las personas se sienten insatisfechas con su vida, buscan el cambio social y se vuelven susceptibles a ser víctimas de la censura. La burguesía explota fríamente esta situación mediante campañas de desprestigio y políticas divisivas.

La clase dominante se está volviendo incapaz de gobernar como antes. Cada pandemia y crisis socava la confianza en las instituciones burguesas. Estas luchan por implementar su agenda capitalista con la prensa reaccionaria, el parlamento y la política conspirativa. El dominio de la burguesía sobre la sociedad se ve desafiado permanentemente en la calle, en las huelgas y manifestaciones.

Divide y vencerás

Para mantener su poder, la clase dominante está dispuesta a emplear cualquier medio necesario. Cuando no le queda otra opción, la burguesía recurre a todas las ideologías o instituciones reaccionarias imaginables: la Iglesia, la policía o la repreción. Por eso recurre cada vez más al racismo, el sexismo y la homofobia: la extrema derecha intenta culpar a los extranjeros de la escasez de viviendas y los bajos salarios, y los reaccionarios prometen restaurar la estabilidad social con roles de género y estructuras familiares conservadoras.

Para salvar el capitalismo, la derecha está enfrentando a la pequeña burguesía y a ciertas capas de la clase trabajadora contra los grupos históricamente más oprimidos. Los extranjeros y las mujeres sufren especialmente la crisis sistémica. Con el auge de la discriminación reaccionaria, sus vidas se han convertido en un infierno. La única salida reside en la lucha común de la clase trabajadora.

¿Qué pasa con la izquierda?

A pesar de todo, el pánico y la histeria la sociedad no se está desviando hacia la derecha, sino que se está polarizando. Las ideas y los temas «extremos» y radicales se están volviendo más populares, mientras que el «centro político» se desmorona. El aumento de votos para los partidos reaccionarios es solo una cara de la moneda. ¡Lo que es mucho más importante es que la clase trabajadora está entrando en lucha en un país tras otro!

En todo el mundo, existe una generación de jóvenes que alcanzó la mayoría de edad tras la crisis capitalista de 2008 y creció en un contexto de austeridad, movimientos de masas y levantamientos populares, el impacto de la pandemia de COVID-19, la crisis ambiental, la creciente brecha entre ricos y pobres, guerras y militarismo. La combinación de todos estos factores ha llevado a una pérdida de legitimidad de todas las instituciones y partidos burgueses, los medios de comunicación capitalista, el parlamento, etc.

La acumulación de ira ante la crisis capitalista y sus diversas manifestaciones ha estallado en una cadena global de movimientos de masas, insurrecciones y levantamientos. Esto representa un punto de inflexión drástico en la situación global. Los jóvenes de los sectores populares están a la vanguardia de este movimiento y tienen un enfoque instintivamente internacionalista, aprendiendo e inspirándose mutuamente. Esto se refleja en la solidaridad activa por la lucha del pueblo Palestino en todo el mundo. Los levantamientos populares han sacudido un país tras otro durante los últimos meses (Indonesia, Nepal, Timor Oriental, Filipinas, Madagascar, Marruecos, Paraguay, Ecuador, Perú, etc.). Y esto como un tercer ciclo después de las mivilizaciones en diversos países del mundo el 2016 y el 2018,

Es cierto que en Estados Unidos Trump fue elegido, pero una ola de huelgas (en la industria automotriz, la comida rápida, etc.) y actualmente movilizaciones en todas las ciudades en apoyo a Palestina y contra el gobierno también ha azotado el país. Es cierto que el partido de extrema derecha en Alemania, la Alternativa por alemania (AfD) podría convertirse en el segundo partido más grande, pero la recolección de basura, los hospitales y el transporte público están paralizados por los huelguistas. ¡Se estima que entre el 20 % y el 30 % de los jóvenes apoyan el comunismo! Existe un enorme potencial para la política de la clase trabajadora. Quienes ignoran esto y solo miran a la derecha sobreestiman la fuerza de nuestros oponentes y, por lo tanto, elegirán una mala estrategia.

Los porcentajes de voto en las encuestas o elecciones solo distorsionan el verdadero equilibrio de poder. Los partidos de derecha a menudo ganan escaños en el parlamento simplemente porque los votantes de los partidos liberales y reformistas se quedaron en casa, decepcionados. Cuando la derecha gana nuevos votos, a menudo son votantes de protesta que podrían fácilmente ser convencidos para la política clasista radical. Por lo tanto, estos partidos progresan porque los partidos de izquierda no ofrecen una alternativa al sistema. Así, al analizarlo más de cerca, la fuerza de la derecha resulta ser la debilidad de la izquierda.

Sin embargo, las victorias electorales de los partidos de derecha envalentonan a grupos de extrema derecha que son cada vez más violentos contra extranjero, los pueblos originarios y la izquierda. Pero estos grupos siguen siendo pequeños, y cualquiera de sus manifestaciones puede ser sofocada por movilizaciones de trabajadores en la medida en que se desarrolla de desición de lucha. En 2021, por ejemplo, 200.000 trabajadores se manifestaron en Roma, una semana después de que fascistas atacaran la sede de la confederación sindical. Los pequeños grupos fascistas no son rival para la fuerza organizada de la clase trabajadora, que defiende con confianza sus organizaciones.

¿Qué es el fascismo?

Con la estrategia adecuada, podemos derrotar a la derecha. Esto requiere una verdadera comprensión del enemigo; el uso descuidado de términos como (proto-, neo-, pos-) fascismo conduce a desastrosos errores políticos. Para los marxistas, el «fascismo» tiene una definición precisa y no es simplemente un insulto ni la «peor» variante de la política de derecha.

Es un error intentar definir el fascismo por su ideología. Los programas de los movimientos fascistas son colecciones de ideas retrógradas sin mucha coherencia. Por otro lado, el fascismo no tiene el monopolio de las ideas reaccionarias: incluso los partidos burgueses «normales» son racistas, nacionalistas y sexistas. Lo decisivo, en cambio, es la base social de los partidos de ultra derecha y su papel en la lucha de clases.

El fascismo, tal como surgió en Italia en la década de 1920, se baso en un movimiento de masas pequeñoburgués y busco aplastar físicamente a las organizaciones obreras. Solo puede tomar el poder bajo ciertas condiciones sociales. Solo después de que la clase obrera intentara tomar el poder sin éxito y se viera agotada, el fascismo se convirtió en una seria amenaza. Las clases dominantes alemana e italiana desafiaron el auge revolucionario tras la Primera Guerra Mundial, pero no pudieron sofocar la lucha de clases ni proteger así sus ganancias corporativas. Para ello, recurrieron al fascismo.

El fascismo logró movilizar a las capas pequeñoburguesas: comerciantes, estudiantes, matones y otros elementos desclasados. Estos grupos estaban desilusionados con el capitalismo, pero también con la clase trabajadora, a la que consideraban responsable de la inestabilidad social. El fascismo tenía influencia social en las calles, lo que lo hacía atractivo para la clase dominante, que, como pequeña minoría, siempre deja que otros hagan el trabajo sucio. El movimiento fascista atacó sindicatos, cooperativas y oficinas de partidos obreros, desmantelándolos con la mayor brutalidad.

¿Fascismo o populismo de derecha?

¿Y hoy? ¡Un movimiento fascista no está en la agenda!

Los éxitos de Trump, Meloni, Le Pen, la UDC o la AfD no constituyen un avance para el fascismo. Da igual si los líderes de derecha simpatizan con Hitler y Mussolini o si desean ser dictadores: el equilibrio de poder entre las clases no les permite hacer realidad estas fantasías. La UDC no es fascista simplemente porque la presidenta de su sección de Winterthur permita a los fascistas del «Junge Tat» gestionar sus redes sociales. Carecen de un movimiento de masas pequeñoburgués en las calles capaz de llevar a cabo planes de derrocamiento. La clase obrera no ha hecho más que crecer en los últimos 100 años y hoy frenaría de raíz cualquier intento de toma del poder fascista. La burguesía tampoco se atreve a dar luz verde al fascismo por miedo a provocar a la clase obrera.

Estas figuras de derecha, en realidad, no son fascistas, sino populistas de derecha. Son flautistas de Hamelín dispuestos a presentarse como opositores del establishment. No tienen reparos en fomentar y explotar cualquier prejuicio en beneficio de sus carreras políticas. Una vez en el poder, siguen los dictados del capital y no pueden cumplir sus promesas.

Luego aplican una política totalmente reaccionaria, pero con los medios del estado burgués, al igual que los partidos “liberales”. Dado que la demagogia de derecha no mejora las condiciones de vida ni constituye una alternativa real al sistema, generalmente son castigados una vez en el gobierno.

En el próximo período, la clase obrera tendrá muchas oportunidades de tomar el poder mediante la revolución. Su combatividad aumenta cada día, por lo que cualquier pesimismo es infundado, y los revolucionarios están haciendo todo lo posible para prepararse para la revolución que nos espera.

¿Cómo luchar hoy en día?

Derrotamos a la ultra derecha adoptando consecuentemente la perspectiva de la clase trabajadora. Esto significa que la lucha contra la derecha debe librarse como una lucha de la clase trabajadora contra los capitalistas, lo que requiere una clara distinción de cualquier política burguesa.

La crisis orgánica, sumada a la colaboración de los partidos reformistas con la burguesía, ha propiciado el auge de los populistas de derecha. Partidos gubernamentales de todo tipo atacan a la clase trabajadora, debilitan su resistencia con ideologías divisivas y defienden los intereses del capital, si es necesario con violencia policial. Esta política aparentemente sin alternativas alimenta las ideas reaccionarias dentro de la clase trabajadora y la pequeña burguesía. El deterioro de las condiciones de vida alimenta el descontento, y si los reformistas no ofrecen alternativas, abren el camino a los populistas de derecha.

Se necesita un programa común para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora y eliminar cualquier fundamento para las políticas de división de la derecha. Solo el programa comunista ofrece soluciones reales a los problemas del capitalismo. Expropiando grandes corporaciones y bancos, podemos aliviar la escasez y la pobreza. La planificación económica es la única manera de evitar la peor crisis climática y restaurar la esperanza en el futuro. Esto sienta las bases para una nueva coexistencia, en la que se puedan superar las antiguas cicatrices de la sociedad de clases: los rígidos roles de género, el sexismo y la xenofobia.

Este programa necesario contra el populismo de derecha y el fascismo es inaceptable para los reformistas. Su aversión a la derecha se ve eclipsada por su miedo a la clase trabajadora: los reformistas solo se involucran en alianzas que no desafían la propiedad privada ni la política burguesa de crisis. Estas alianzas de la clase trabajadora con «antifascistas» o «demócratas» burgueses se denominan «frentes populares». Históricamente, los frentes populares han fracasado porque han atado las manos de la clase trabajadora y han dado una aparente legitimidad a la retórica antisistema de la derecha. Tampoco podemos confiar en que el Estado mantenga a raya a los populistas y fascistas de derecha en los frentes policiales y legales, ya que el Estado es la herramienta de la clase dominante.

Los Trump y los Le Pen, o en Chile los Kast o los Kaiser, serán derrotados organizando a la clase trabajadora para luchar por sus condiciones de vida y sus derechos. Debemos apoyarnos en la alianza de lucha de todas las fuerzas populares para llevar a cabo acciones específicas contra grupos reaccionarios, leyes reaccionarias u otros objetivos concretos. Si cada lucha y movilización se utiliza para elevar la conciencia de clase, se fortalece a los trabajadores y se los conecta con todos los grupos oprimidos que comparten el interés común de derrocar el capitalismo antihumano. En cuanto la clase trabajadora demuestre determinación y presente una alternativa seria, movilizará a sectores considerables de la pequeña burguesía.

También debemos combatir a las bandas de ultra derecha mediante la lucha de clases barriendo con ellos donde se encuentren. Con el programa adecuado, el movimiento obrero podría aplastar fácilmente a estos grupos. Los neonazis se sienten seguros cuando perciben debilidad. Si la movilización popular y la acción revolucionaria los frena de raíz, retroceden. Las organizaciones populares deben asumir esta tarea; no deben reaccionar histéricamente ni quedarse solo en palabras, sino actuar.

¡Luchar contra la derecha! ¡Organizarse!

El populismo de derecha está provocando el deseo de lucha. El fascismo no es inminente, pero se están produciendo ataques extremadamente dañinos y selectivos contra la clase trabajadora. No hay razón para ser pesimistas, ya que el período actual abre increíbles oportunidades de lucha. Por eso, los revolucionarios deben organizarse ahora. Quienes se organizan pueden defenderse de la discriminación racial y los ataques reaccionarios, ya sea en la escuela, en la población o en el lugar de trabajo.

El programa y la estrategia más correctos son inútiles si se quedan en el papel. Quienes estén de acuerdo deben empezar a impulsar la lucha. Así es como construiremos las fuerzas necesarias para la revolución.

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