
EL TOPO Nº 85. EL REFORMISMO PAVIMENTA EL CAMINO A LA EXTREMA DERECHA
De aquí a las elecciones presidenciales del domingo 16 de noviembre de 2025, es decir durante los siguientes seis meses, los medios de comunicación mostraran por un lado los discursos afiebrados del anticomunismo de la derecha, en todas sus variantes y, por otro, como la coalición “progresista”, hoy bajo el liderazgo del Partido Comunista defenderán la democracia (burguesa) y prometerán reformas sociales.
La sombra que planea sobre el país, y que los números electorales ratifican, es la posibilidad muy cierta de un futuro gobierno de asesinos, posiblemente con José Antonio Kast como presidente, quien ya ha planteado abiertamente entrar a sangre y fuego a matar en el territorio mapuche y destruir las formas comunitarias de vida para instalar la propiedad privada personal. En otras palabras se trata del proyecto criminal de una segunda pacificación como la del siglo XIX.
A la vez la derecha apuntara a una profundización de la agenda neoliberal: reducción del gasto público del Estado, privatización de empresas estatales como el cobre, la desregulación de los mercados, la reducción de impuestos fundamentalmente a las grandes empresas, promoción del libre comercio , congelación de los salarios y represión de la protesta social.
Para realizar estas tareas Kast está organizando un equipo de seguridad de carabineros y militares donde están el general (r) del Ejército Cristián Vial Maceratta., el general (r) de Carabineros Enrique Bassaletti y el coronel (r) de Gendarmería Luis González Báez, el ex alcalde Rodolfo Carter y el Almirante (r) Jorge Parga que se sumaron al Partido Republicano y trabajarán en un eventual gobierno suyo.
Hoy nos enfrentamos a un cambio de perspectiva de la burguesía que rechaza, al menos en su sector hegemónico, continuar con políticas liberal-reformistas (Concertación, Frente Amplio) y empieza a plantear como alternativa la militarización del país, que busca asumir una apariencia democrática.
Cabe señalar que la gran mayoría de los trabajadores aún no comprende la extrema gravedad de la situación, sobre todo porque nadie en los círculos dirigentes del movimiento popular se las explica. La coalición reformista afirma que la economía mejorará pronto. Muchos trabajadores creen, o al menos esperan, que tenga razón. Las previsiones de recuperación de estos partidos no son más que un engaño. Es un comerciante de falsas esperanzas. Así, el actual gobierno del Frente amplio – P.C. cuya única ambición a sido gestionar el capitalismo, se vio reducido a la impotencia, enredado en las contradicciones del sistema. Las ilusiones matan y a veces matan de verdad.
Es fundamental tener claro una cosa, y tenerla muy claro, el Partido Comunista de Chile NO ES COMUNISTA, NO LUCHA POR EL COMUNISMO, es un partido SOCIALDEMOCRATA cuyo objetivo es desarrollar algunas reformas pero manteniendo intacto al sistema capitalista. El comunismo como aspiración de la humanidad es un proyecto revolucionario, es decir, plantea en primer lugar la conquista del poder para avanzar a partir de ahí hacia la abolición de las clases sociales y de las categorías capitalistas como el intercambio mercantil y terminando para siempre con la esclavitud asalariada.
¿QUE ES EL REFORMISMO?
Las posturas reformistas reflejaban toda una corriente que se desarrollo en el seno de la socialdemocracia y encontró su expresión teórica más completa en la obra del socialista alemán Eduard Bernstein.
Bernstein fue uno de los primeros socialistas en intentar una revisión de los postulados de Karl Marx, como el abandono de las ideas del colapso de la economía capitalista y la toma del poder por el proletariado. Aunque no fue un teórico distinguido, Bernstein, llamado «el padre deEl revisionismo”, preveía un tipo de socialdemocracia que combinaba la iniciativa privada con la reforma social.
Este explicaba, en esencia, que las recientes transformaciones del sistema capitalista (fines del siglo XIX) hacían innecesaria la revolución. El desarrollo de los cárteles patronales, el sistema crediticio, los modernos medios de comunicación, el crecimiento de los sindicatos, la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, la persistencia de las clases medias… eran prueba de la adaptación del sistema, de la atenuación de las contradicciones internas del capitalismo. Estas transformaciones, que atestiguaban una creciente tendencia hacia la socialización de la producción, abrieron el camino a una transición pacífica al socialismo mediante reformas progresistas, la acción sindical y la vía parlamentaria.
Eduard Bernstein y no Marx o Lenin es el antepasado del Partido Comunista chileno. Bernstein afirmaba estar revisando el marxismo pragmáticamente. De hecho, rechazaba su esencia misma.
El siglo XX refutó por completo los análisis económicos de Bernstein. Lejos de disminuir, las contradicciones del sistema se expresaron como nunca antes en guerras imperialistas, crisis económicas y revoluciones. Ante las crisis, la socialdemocracia siempre optó por preservar el sistema haciendo que los trabajadores pagaran las consecuencias. Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, los principales partidos socialdemócratas llamaron a los trabajadores a unirse con la burguesía y a matarse entre sí por millones para defender la nación. Posteriormente, se implementaron políticas reformistas en muchos países. Ya fuera proponiendo instaurar el socialismo por la vía parlamentaria o, de forma más general, una gestión más eficiente del sistema que satisficiera los intereses tanto de los trabajadores como del capital, todas estas políticas condujeron a un callejón sin salida. Hoy, en toda Europa, la socialdemocracia defiende contrarreformas liberales en materia de pensiones, seguridad social, prestaciones por desempleo y más.
Las ideas de Bernstein fueron duramente criticadas en su momento por muchos líderes revolucionarios, entre ellos Rosa Luxemburgo y Lenin. Sin embargo, la perspectiva reformista se convertiría en dominante dentro de la socialdemocracia en la mayoría de los países europeos. La creciente importancia del reformismo dentro de la socialdemocracia no puede explicarse únicamente por la influencia de unos pocos líderes revisionistas como Bernstein.
La clase dominante, por su parte, mostró gran interés en desarrollar la idea de que la negociación era preferible a la lucha obrera, así como los debates parlamentarios eran preferibles a los disturbios políticos. Encontró apoyo en la emergente burocracia sindical y en los representantes electos locales y nacionales de los partidos socialdemócratas. Esta burocracia, en parte ajena a la precariedad del trabajo asalariado, actuó como barrera entre la clase dominante y la clase trabajadora y tenía un interés fundamental en defender la idea de un acuerdo entre las clases.
Sin embargo, la influencia del reformismo en la clase obrera no puede explicarse únicamente por la existencia de la burocracia. La razón principal de esta influencia es la capacidad de mejorar las condiciones de vida de la clase obrera. Esta posibilidad solo existe realmente durante períodos de prosperidad económica capitalista. Sin embargo, el reformismo ha conservado una fuerte influencia incluso durante períodos de crisis, cuando la posibilidad de reforma era bastante limitada. Por lo tanto, es necesario comprender el mecanismo de la adhesión al reformismo.
El análisis económico es insuficiente para explicar la adhesión de las masas al reformismo. Esta adhesión también tiene una base ideológica. Marx afirmó que la emancipación de los trabajadores sería obra de los propios trabajadores, pero también que la ideología dominante es la de la clase dominante. Existe una contradicción entre estas dos proposiciones. La base de esta contradicción debe buscarse en el propio capitalismo. El capitalismo somete a los trabajadores a la competencia, pero los obliga a colaborar para asegurar la producción. Esta contradicción también se encuentra en la conciencia de cada trabajador. Cada trabajador acepta el sistema tal como es y, al mismo tiempo, se ve impulsado a combatirlo, aunque solo sea para defender sus condiciones laborales. La mayoría de los trabajadores esperan una mejora en sus condiciones de vida y desconfían de su propia capacidad para cambiar las cosas. Por lo tanto, confían en los “expertos”, en las elecciones, etc. Dependiendo de la situación, ya sea un período de auge de las luchas o un período de declive, predomina un aspecto u otro. Pero en todo momento, existe esta doble conciencia. Es la base del apego de los trabajadores a estas organizaciones reformistas que crean ilusiones y expresan su esperanza de mejorar el sistema, independientemente de si son capaces de implementar reformas.
El programa del Partido Comunista de Chile elaborado por la Comisión de Programa designada en el XXI Congreso Nacional septiembre 2001 es claramente un programa socialdemócrata.
Frente a la pregunta que ellos mismos se hacen de “¿Cuál es la contradicción principal del período?” la respuesta no es la contradicción capitalismo – socialismo sino que modelo neoliberal y democracia: “El neoliberalismo se identifica hoy no sólo con su expresión económica, sino que con todos los aspectos que conforman la dominación ideológica que ha desarrollado. Así la contradicción fundamental del período es entre esa forma de dominación, en su conjunto, y el proceso de democratización creciente de la sociedad”
Se plantea la colaboración entre las clases sociales y no el poner fin a la clase dominante capitalista: ”Postulamos la Nueva Mayoría Nacional como una fuerza política y social, pluralista y multiclasista, que se construye en la acción, por obreros, trabajadores, capas medias de la ciudad y del campo, sectores marginados, profesionales, intelectuales, artistas, artesanos, empresarios no monopólicos, minorías étnicas, dueñas de casas, jubilados, miembros de las FFAA y de orden, y la juventud, es decir todos los afectados por el dominio transnacional y la aplicación del modelo neoliberal”.
Contrariamente al marxismo los reformistas creen que las contradicciones se resuelven no al agudizarse sino al declinar suavemente, al extinguirse gradualmente. Confunden la disolución de la contradicción misma con la solución. Este razonamiento falso y anti dialectico sostiene reflexiones como estas: “La violencia revolucionaria solo puede favorecer a la derecha…”- De esta manera escriben en su programa: “La resolución de las contradicciones no antagónicas, inevitables de todo proceso social debe realizarse por medios democráticos, respetando el pluralismo propio de toda comunidad humana”.
Y finalmente en relación a la propiedad privada Marx escribe en el Manifiesto Comunista de 1848: ” Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros.
Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada”
En el programa del P.C. chileno se dice: “En el área de propiedad privada existirán la empresa individual o familiar, sociedades de personas, sociedades por acciones. En estas últimas, el poder decisorio no dependerá del capital de los accionistas sino que se inspirará de una autogestión democrática. Podrán darse también formas mixtas o entrelazadas entre unas y otras.” Y aún estos señores tienen la patudes de calificarse de marxistas-
A pesar del impasse al que ha sumido a la sociedad, el sistema capitalista no se derrumbará por sí solo. Los capitalistas superarán cualquier crisis, por profunda que sea, siempre que conserven la propiedad de los medios de producción e intercambio. Desde la perspectiva de los trabajadores, la pregunta que se plantea es qué consecuencias tendrá la continuidad del capitalismo en sus propias condiciones de existencia. Y son precisamente estas consecuencias las que, en última instancia, provocarán una revolución.
La esencia de una revolución reside en que, bajo el impacto de los acontecimientos, la brecha entre la conciencia de las masas y la realidad del orden social existente se cierra repentinamente. La ira acumulada, latente en silencio durante todo un período histórico, finalmente emerge a la superficie. Los trabajadores llegan a la conclusión de que no habrá salida posible sin atacar directamente, y que es necesario actuar.
Una revolución surge de las profundidades de la sociedad. Las masas, hasta entonces inertes, se movilizan y se lanzan violentamente a la acción contra el orden establecido. Los reformistas oponen el «realismo» y el «pragmatismo» a la perspectiva de la revolución, pero los verdaderos realistas son los marxistas, precisamente porque el curso real de los acontecimientos solo puede conducir a una gran confrontación entre las clases; e inevitablemente, esta confrontación creará las condiciones para el derrocamiento del sistema, no en términos teóricos y abstractos, sino como una tarea práctica inmediata que incumbe a la clase obrera. El trabajo asalariado moderno es la clase mayoritaria de la sociedad. Desempeña todas las funciones esenciales del organismo económico y social.
La emancipación de los trabajadores es inconcebible sin romper su dependencia de los capitalistas, sin la erradicación del poder económico de estos, sin su expropiación revolucionaria. Esta gran conmoción no se parece en nada a la «superación» gradual y pacífica del sistema en el que creen —o fingen creer— los líderes del Partido Comunista. No puede lograrse por la vía parlamentaria, sino únicamente mediante la acción revolucionaria.

El reformismo en un callejón sin salida. Ha sido la tendencia dominante dentro del movimiento obrero occidental durante décadas. Pero es necesario distinguir entre el reformismo honesto de los trabajadores y las promesas e ideas vacías de los líderes políticos, parlamentarios y sindicales reformistas. El reformismo de los trabajadores no es otr a cosa que su creencia en la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida mediante medidas sociales progresistas y leyes más justas.
El reformismo, que pretende reconciliar los intereses de trabajadores y capitalistas, es la expresión dentro del movimiento obrero de la ideología dominante en ese momento, y por lo tanto capitalista. El reformismo debe su arraigo en el movimiento obrero al hecho de que, a lo largo de toda una época de expansión del mercado mundial, los capitalistas pudieron ceder, hasta cierto punto, a la presión callejera. En ocasiones, en el pasado, la simple amenaza de una huelga bastaba para obtener concesiones. Las huelgas a menudo las conseguían. Pero esa era ha terminado definitivamente. Los límites del sindicalismo y el reformismo son, en última instancia, una expresión de los del propio sistema capitalista. El declive del sistema significa que la masa de ganancias solo puede mantenerse y aumentarse mediante una ofensiva implacable y permanente contra las conquistas pasadas del movimiento obrero y popular.
Solo queda un camino, que es el de preparar las condiciones de la ofensiva popular y revolucionaria para hacer frente a los proyectos criminales de la burguesía chilena. “No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.” (Che Guevara – Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental
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