
EL CENTRISMO EN LA IZQUIERDA CRIOLLA

En los años 20 del siglo pasado, al constituirse la III Internacional Comunista, en ruptura con la Segunda Internacional Socialdemócrata, aquella estableció una clara frontera no solo con la Segunda Internacional, sino también con una avalancha de pequeños grupos que oscilaban entre el reformismo y la revolución. A estos grupos los denominó centristas:
“Cada vez -documento sobre las condiciones de admisión a la Tercera Internacional- con mayor frecuencia, partidos y grupos que hasta hace poco pertenecían a la Segunda Internacional y que ahora querrían adherirse a la Internacional Comunista se dirigen a ella sin por eso haberse convertido verdaderamente en comunistas. La Segunda Internacional está irremediablemente derrotada. Los partidos intermedios y los grupos del “centro”, considerando desesperada su situación, se esfuerzan en apoyarse en la Internacional Comunista, cada día más fuerte, esperando conservar, sin embargo, una “autonomía” que les permitiría proseguir su antigua política oportunista o “centrista”.
¿Qué es el centrismo? El centrismo marxista, dentro del contexto del movimiento revolucionario, se refiere a una posición intermedia entre el socialismo revolucionario de izquierda (como el comunismo) y el socialismo reformista de derecha (como la socialdemocracia). Es una postura que busca un equilibrio entre la revolución y el reformismo.
Así, las dos corrientes fundamentales de la clase obrera mundial son, por un lado, el reformismo y, por otro, el comunismo revolucionario. Entre estos dos polos se encuentran diversas corrientes y grupos de transición que cambian constantemente de apariencia y se encuentran en constante transformación y cambio, a veces pasando del reformismo al comunismo, a veces del comunismo al reformismo.
El centrismo, por su propia naturaleza, es vago y poco definido, oscilando a veces hacia la izquierda, a veces hacia la derecha. Se caracteriza tanto por su falta de fundamentos ideológicos y principios políticos claros como por lo que representa.
Es cierto que dentro de la clase obrera siempre habrá una capa de centristas acérrimos que no quieren ir hasta el final con los reformistas, pero que tampoco pueden convertirse en revolucionarios orgánicamente.
Muchas veces, el papel de estas organizaciones es proporcionar una cobertura izquierdista a las políticas reformistas, a la vez que aislar activamente a los revolucionarios del pueblo. En este sentido, ha funcionado como un importante obstáculo para la construcción de un partido capaz de conducir la Revolución a la victoria.
En resumen, el centrismo no es una escuela de pensamiento unificada, sino más bien un término utilizado para describir una posición que se encuentra en algún punto entre diferentes tendencias, buscando un equilibrio o compromiso entre posiciones más radicales y más moderadas.
El reformismo busca cambios graduales y pacíficos dentro del sistema existente, sin pretender una transformación radical. Se enfoca en mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora a través de reformas legales, políticas y sociales. Generalmente, rechaza la idea de una revolución como medio para alcanzar el socialismo, optando por la vía electoral y la colaboración con otras fuerzas políticas.
La revolución implica una transformación radical, profunda y total del sistema político y social. Busca la abolición del sistema existente y su reemplazo por uno nuevo, basado en principios socialistas o comunistas.
El centrismo busca un equilibrio entre las posiciones reformistas y revolucionarias.
Puede adoptar estrategias diversas, como la participación en el juego político institucional (reformismo) con el objetivo, según dicen, de preparar las condiciones para una futura transformación revolucionaria.
En otros casos, puede defender la necesidad de la revolución, pero considera que las condiciones objetivas y subjetivas no están dadas para llevarla a cabo, por lo que aboga por un trabajo de acumulación de fuerzas y de preparación ideológica a largo plazo, la que generalmente se diluye por falta de una estrategia clara, tanto en lo teórico como en lo práctico.
Muchas de estas corrientes son economicistas, desarrollan sus actividades de propaganda única y exclusivamente sobre problemas sociales (salud, educación, jubilaciones, etc.), pero desvinculando esta agitación de la acción revolucionaria concreta.
En el Chile de hoy, hay un número no despreciable de colectivos, movimientos y seudospartidos que pululan en una serie de grupos que se crean generalmente en las vísperas de elecciones. Justifican su existencia en un equilibrio entre el discurso radical y la práctica institucional. Ejemplos hay varios: PC (AP), PRT, el MIT (trotskistas), el MIR (Demetrio). Partidos que han sido constantes en las últimas décadas en esta práctica.
Otros como el Partido Igualdad, Partido Popular y otros más pequeños son los que mejor reflejan esta cultura centrista que ha infectado al movimiento popular en estos últimos 20 años. Hoy estos grupos se rearticulan y se preparan para “representar” al mundo excluido; las crean, las formalizan y las desechan. Un referente de estas prácticas es la “Nueva” Izquierda Ecologista Popular, una olla con muy diferentes especias: Humanistas, Ecologistas, Animalistas, Troskistas, que solo a unas semanas de su unión formal ya tienen su primer movimiento telúrico. Dos de sus partidos fundadores le ganaron en su oportunismo y ya entregó su apoyo a la candidata del oficialismo. Así el partido de Cristian Cuevas y el partido de Iván Carrasco se adelantaron a lo que hará este referente centrista para la segunda vuelta el 14 de diciembre. Uno diría, sin embargo, que el resto de este Frente Izquierda Ecologista Popular, que no se sumó a la campaña de Jeannette Jara, levantaría una opción de clase independiente fuera del circo electoral. En realidad, no es así. Reagrupados como “Fuerza 18 de Octubre” proclaman que su objetivo es llegar de manera “independiente” al parlamento burgués: “Frente a esta situación – escriben – la izquierda que se reclama independiente y revolucionaria tiene una tarea urgente e impostergable: levantar una alternativa propia de la clase trabajadora, una fuerza independiente, clasista y combativa, con candidatos que representen los intereses de la clase obrera. Reagrupemos el voto de aquellos que no quieren votar a la oposición derechista, pero tampoco apoyar a los enterradores de la rebelión del 18 de octubre de 2019”. El centrismo en toda su expresión.
Otra nueva organización que se alista para también “representar” al verdadero pueblo de Allende es el Partido Movimiento Pueblo Socialistas, partido que recolecta lo excluido y lo marginado del socialismo del siglo pasado y también sobrevive una Coordinadora llamada Rojo y Negro, grupo de exmilitantes del MIR que no han tomado posición y que prefieren navegar en aguas tranquilas sin entrar en conflictos. Solo tener entre ellos buenas relaciones familiares y no entrar en discusiones coyunturales.
Una política revolucionaria (marxismo) entraña un sistema de lucha ideológica y metodológica que apunta al derrocamiento del Estado burgués con el método de unir al pueblo bajo una estrategia revolucionaria para reorganizar después la sociedad de manera socialista.
Fuente Revista El Topo Nº 86, Comuna Debate

