
CUANDO AL FASCISMO LO VIERON COMO CENTRO-DERECHA

A pesar de los numerosas masacres / matanzas (25) a lo largo de la historia de Chile perpetradas por las fuerzas armadas, en complicidad con la oligarquía, siendo la última de ellas la ocurrida durante el estallido social del 2019 durante el gobierno de Sebastián Piñera, el reformismo persiste en buscar en los representantes de la oligarquía a un sector democrático (y/o patriótico) con el cual establecer alianzas o incluso un cogobierno en los hechos. Ellos, los reformistas, han instalado ese espejismo llamado «derecha democrática» con el cual codearse en las comodidades del parlamento burgués.
Fue desde los inicios de la transición en 1990, e incluso antes de esta en las negociaciones previas durante 1988, que el reformismo, hoy progresismo, se abocó a «identificar» a esa derecha «democrática» con la cual hacer fuerza para imponer la «salida política pactada con la dictadura». Lo curioso del caso es que esa «derecha democrática» apoyaba sin recelos, hasta no hace mucho, a la dictadura genocida de Pinochet, de la oligarquía y del imperialismo. Esa mal llamada «derecha democrática» jamás se opuso al terrorismo de estado, a los crímenes de estado ni menos a la pérdida acelerada de soberanía y de independencia económica derivado de la nueva estrategia de dominación del imperialismo conocido como neoliberalismo y globalización. La enajenación de todos los recursos naturales contó con el apoyo tanto de la derecha fascista, «democrática» para los progresistas, como con los progresistas mismos.
La tesis más extraña para definir a los antiguos defensores de la dictadura como «derecha democrática» o centro-derecha, a la derecha fascista de siempre, fue la aceptación de esta del juego «democrático-burgués», del parlamento y de la importancia de los partidos políticos como uno de los pilares del circo. Si la izquierda de la Unidad Popular enfrentó en una profunda y radical revisión y renegación de su actuar histórico, Renovación Socialista, abjurando de todo para ser aceptada por la derecha pinochetista, la derecha pinochetistas-fascista jamás renunció un ápice, hasta el día de hoy, de sus crímenes, principios y objetivos de clase. Jamás, y para usar el término predilecto de los socialistas, se renovó. Así, los partidos fascistas como la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RENACI) primero y después la Unión de Centro-Centro (UCC) pasaron a ser, desde la óptica de los progresistas, partidos de centro-derecha, democráticos eso de la noche a la mañana y por obra del espíritu santo. Jovino Novoa, Pablo Longueira, Andrés Allamand, Evelyn Matthei, Hernán Larraín, Sergio Onofre Jarpa pasaron a ser representantes y considerados como dirigentes democráticos de derecha, muchos de ellos también considerados como verdaderos «estadistas» que eran capaces de poner los «intereses de Chile primero antes que los intereses de sus partidos» según los progres lo cual era una falacia y constituía un blanqueamiento de los rostros más cercanos a la dictadura. Así es el «juego democrático-burgués»: hipócrita, cínico, sucio, asqueroso. Un verdadero mierdal.
Pero, la contradicciones entre las diferentes facciones, desde la perspectiva de los intereses de clase, también se dan dentro de los partidos de la derecha fascista. El desprendimiento del Partido Republicano de la UDI, fundamentalmente, reafirmó la extraña teoría de considerar a la UDI-RENACI como centro-derecha junto a sus nuevos socios, Evopoli, también desprendido de la UDI en su mayoría y al Partido Republicano de José Antonio Kast como de Ultraderecha. Hasta ahí la tesis de los progresistas le calzaba bien. Sus objetivos era apoyarse en la centro-derecha para evitar que la ultraderecha de los Republicanos fueran gobierno. Así con ese discurso «anti fascista» aguachento fue ganó Gabriel Boric.
Pero lo que no se esperaban es que ahora sería el Partido Republicano el que sufriría un desprendimiento. Así nacería el Partido Nacional Libertario de Johanes Kaiser, hermano del teórico fascista Axel Kaiser de la Fundación Para el Progreso, y que junto al Partido Social Cristiano han levantado un discurso claramente fascista. Con la aparición de los «libertarios», ahora el fascista del Partido Republicano, José Antonio Kast, dejaba de ser de ultraderecha para los progres y ahora Kaiser era el «fiel» representante de la ultraderecha y ahora Kast y la UDI-Renaci-Evopoli eran algo parecido a una tortuga con reumatismo, es decir, un par de viejecitas de centro-derecha, bonachonas. Con todo esto, los progres han hecho ver a los dirigentes de UDI-RENACI, quienes apoyaron a la dictadura y que nacieron bajo ella, como personas de bien, inmaculadas, limpias, honestas y fieles a la democracia. L a tesis de los progres, aquella que buscaba incansablemente a esa derecha democrática inexistente, se venía abajo con cada desprendimiento y cada vez que los altos dirigentes de los fachos hablan con toda sinceridad desde su ideología y teoría política.
Preguntado Johanes Kaiser sobre si volvería a apoyar un nuevo golpe de estado con las mismas consecuencias de este, Kaiser respondió rotundamente con un SÍ. Esto ha llevado a la Cámara de Diputados a pasarlo a la Comisión de Ética. Pero, ¿es acaso el fascismo una cuestión ético-moral? ¿Acaso el fascismo se combate desde la ética y de la moral? Claramente no. Quienes han ayudado a lavarle las manos con sangre a la derecha fascista, quienes han ayudado a someter a esa derecha a un proceso de blanqueamiento y de ocultamiento de su real esencia llamándolos «centro-derecha» y/o «derecha democrática» deben responder. Los progres deben responder porque son los responsables directos de l avanzada fascista en nuestros días.
Pero, ¿acaso la contradicción está entre la izquierda y el derecha? ¿Acaso la urgencia es recuperar el centro político?
Desde la concepción clásica de la política habrían tres sectores políticos: izquierda, centro, derecha los cuales se disputan las cuotas de poder político, el gobierno y el parlamento. La verdad es que la contradicción principal es entre burgueses y proletarios, explotadores y explotados, capital y trabajo y en el bando de la burguesía podemos encontrar tanto a progres como a los fachos, juntos, defendiendo los intereses de la clase de la burguesía, de los capitalistas, de los explotadores. Porque al final de cuentas, ese «antifascismo» aguachento, inservible de los progresistas, de la centro-izquierda, es sólo una forma de chantaje político ante las próximas elecciones en las cuales se enfrentarán las facciones burguesas detrás de aquellos conceptos también inservibles cuales son «izquierda, centro y derecha». El verdadero antifascismo es aquel que emana desde los partidos revolucionarios, proletarios que enfrentan a la clase dominante y que buscan transformar la sociedad de clases radicalmente y construir una sin clases y sin patrones, sin explotación del hombre por el hombre, sin propiedad privada. Así, mientras los progres pierden tiempo buscando a esa «burguesía progresista, democrática y patriótica», que es como encontrar en Santo Grial, el Atlantis, los revolucionarios avanzaremos a paso firme.
Si de lavado de imagen se trata ¿Qué anti fascismo?
La centro-izquierda lavándole el rostro a uno de los mayores explotadores y fascista. Jeannette Jara, candidata presidencial del centro-izquierdista Partido Comunista
https://www.emol.com/noticias/Nacional/2025/03/11/1160021/jara-condolencias-muerte-paulmann.html
Muere Rafael Cumsille
Guillermo Tellier, cuando diputado en homenaje a Eduardo Frei Montalva, ex presidente democretino gestor del golpe de estado contra Allende. (2014)
https://www.alainet.org/es/active/77426
Documento conjunto Partido Comunista-Democracia Cristiana (2015)
Gabriel Boric homenaje a Patricio Aylwin, uno de los golpistas contra Allende y quien justificara la lógica terrorista del ejército denunciando la existencia de «15 mil guerrilleros» que nunca existieron.
Aylwin y el golpe del 73
https://www.youtube.com/watch?v=MtXgLt9KVfM
Homenaje de Gabriel Boric a Sebastián Piñera, asesino del estallido social del 2019
https://www.youtube.com/watch?v=0G-v4F2R8gA


