
HOMENAJE A NUESTROS PUEBLOS

La política burguesa ha trabajado siempre en la idea de infantilizar a nuestro pueblo y clase, tratarlo como un infante ignorante e intentar de convencerlo que su destino, su futuro se encuentra cerrado si se independiza de la clase dominante, del patrón y de la clase política. La vida para el pueblo no existiría sin ellos ni menos fuera del sistema de explotación. A los ignorantes, según estos bastardos, sólo le cabe el destino de esclavitud y miseria.
La historia, la nuestra, nos muestra siglos de luchas heroicas, alzamientos, estallidos, insurrecciones, rebeliones contra la miseria y contra las vidas miserables a las cuales fueron, y somos sometidos, por ellos los detentores del poder.
El pueblo, la clase no son un rebaño de imbéciles por el contrario ni el pueblo ni la clase se equivocan son las vanguardias las que muchas veces por caminar demasiado rápido pierden la ligazón con el pueblo, o caminar demasiado lento es el enemigo el que los atrapa y es el pueblo el que los sobrepasa y los deja en la retaguardia. Esto último ha ocurrido cada vez que el pueblo se ha mostrado listo y dispuesto para arrasar con todo.
Fue durante el gobierno de la Unidad Popular cuando el pueblo y clase se mostraron plenos y dispuestos hasta con desarrollo de poder popular incluido pero las vanguardias no estaban lista y sucedió lo que todos sabemos.
Después fue el combate contra la dictadura burguesa-militar cuando el pueblo comprende la necesidad de la violencia revolucionaria y popular, se asume como miliciano, como combatiente aprende que puede llegar a ser como los vietnamitas. Pero las moras conoció los potos de gran parte de la izquierda que prefirió volver al comfort del parlamento en vez de avanzar hacia la toma del poder. Estas no fueron vanguardias. Jamás lo fueron.

Luego fueron los meses del estallido social, de la Primera Línea, de las masas embrabecidas, emputecidas, indignadas. Fueron millones resueltos a vencer. Pero esta vez no estaba la izquierda sólo habían traidores que llevaron el odio de clase hacia la ilusión de una nueva constitución como solución a todos los males esta vez de la mano de los «señoritos» de izquierda, de los pijes. Nuevamente, el pueblo y la clase estuvieron dispuestos pero se encontraron solos.
Mao Tse Tung tenía razón, como siempre la tuvo. Hay que ser como el pez en el agua, así como los vietnamitas lo interpretaron con los Tres Pegues: Pegado al Pueblo, Pegado a la Tierra y Pegado al Enemigo y con los Tres Juntos: Junto al Pueblo, Junto a la Tierra y Junto al Enemigo. Lo aprendieron de memoria, lo llevaron a la práctica y vencieron. ¡Vivan los Pueblos de los Tres Pegues y los Tres Juntos! ¡Vivan nuestros pueblos heroicos, de esta comarca siempre dispuesto y siempre cierto!

