CONTRA EL FASCISMO DEL SIGLO XXI

CONTRA EL FASCISMO DEL SIGLO XXI

La reciente agresión militar de los yankis a Venezuela con el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores es el fin de la primera parte de la prolongada agresión e intervención yanki en Venezuela.

Desde el triunfo del comandante Hugo Chávez (1998) en adelante, Venezuela viene siendo sometida a una constante agresión que van desde el golpe de estado contra Chávez, las guarinbas, la guerra económica, múltiples sanciones, pirateo de sus recursos, robo de sus cuentas bancarias y recursos en el exterior, nombramiento de falsos presidente como es el caso de Guaidó, y un asedio político constante tanto de los gobiernos fascistas de la región como de los gobiernos progresistas-socialdemócratas.

Pero la verdad es que esta política injerencista y anexionista de los yankis no es sólo contra Venezuela. Está también el golpe blando que se realizó contra Manuel Zelaya y Fernando Lugo. El procesamiento de Lula, la destitución de Dilma Rousseff. El intento golpista contra Rafael Correa. Los alzamientos contra el gobierno de Evo Morales en Santa Cruz en su momento. La campaña sucia contra Morales y la práctica desaparición del MAS en Bolivia como alternativa popular siendo las últimas acciones, previas a la invasión yanki en Venezuela, el fraude preventivo en Honduras, Argentina y Ecuador donde en plena elección presidencial Trump se entromete y apoya a la candidatura afín a sus intereses las cuales salen vencedoras. El intervencionismo viene desde hace rato y desde siempre. La Doctrina Monroe nunca se ha dejado de aplicar desde que comenzó sólo ha tenido cambio de rostro, a veces más sutil otras veces más franca y violenta. ¿Qué fueron las dictaduras militares en el continente sino parte de esa doctrina maldita? ¿Qué es la Doctrina de Seguridad Nacional y sus derivados tácticos sino la Doctrina Monroe? Y en ello, el progresismo ha sido la cara amable de las políticas contrainsurgentes tanto en sus respectivos países como a nivel continental.

Los voceros del imperialismo yanki en América Latina comparten rostros diferentes pero unidos por el mismo amo. Los gobernantes progresistas se han sumado históricamente al coro imperialista contra todos los procesos populares poniendo el acento en la “defensa de la democracia” donde para ellos la democracia burguesa-capitalista es la única válida. La defensa de los “derechos humanos” donde los derechos colectivos, el derecho a la rebelión y autodeterminación de los pueblos queda excluido. En defensa de la “globalización” donde cualquier intento por recuperar la soberanía y la independencia económica queda también excluido. El programa progresista-socialdemócrata en América Latina es una expresión útil para los intereses imperialistas y una herramienta efectiva para acorralar a los procesos populares y agredirlos desde dentro de la “izquierda”. En ese objetivo perverso, los progresistas se unen a los Milei, a los Bolsonaros, a los Novoa y Morenos, a los Bukeles, a los Piñeras y Kast. Porque ¿no han sido Boric y Bachelet quienes desde el progresismo han agredido constantemente a Venezuela, Cuba y Nicaragua? Pero si fueron José Antonio Kast y Jeanette Jara quienes se reunieron con el embajador yanki en Chile en plena campaña presidencial de la cual ellos no han entregado información alguna de los contenidos tratados. ¿No fue Jara la que señaló que en Venezuela no había democracia, que se violaban los derechos humanos, etc? ¿Acaso esas expresiones no son una justificación política para cualquier acción que cometan los gringos contra Venezuela incluyendo el secuestro de Maduro y Cilia? De los gobernantes fascistas auténticos nada bueno se puede esperar. La traición viene de las entrañas del progresismo y desde los vacilantes de siempre que se cobijan en el interior de los procesos populares. Pero si la generala Laura Richardson se paseó por América Latina como jefa del Comando Sur como Pedro por su casa y siendo recibida tanto por gobiernos progresistas, como Boric, como por gobiernos fascistas. ¡Qué coincidencia!

La asunción de Trump, tanto en el primer mandato como en este en curso, viene a culminar un largo proceso de avance de los movimientos y partidos neonazis, de ultraderecha, fascistas o como quieran llamarse. El intento de golpe de estado de Trump en su asalto al Capitolio fue la expresión de fuerza más evidente de esta corriente fascista al interior de los Estados Unidos. Sin embargo, no es la única. Desde las estrategias imperialistas tanto demócratas como republicanos comparten la misma agenda. ¿Acaso no son Clinton y Obama tan genocidas como Bush y Trump? Todos son criminales de guerra y cada uno en su tiempo y época.

Pero Trump representa hoy la vanguardia de esos movimientos fascistas europeos que vienen del fascismo de primera generación del Siglo XX y que han avanzado a pasos agigantados hoy. Le Pen, Meloni, Orban son sólo algunos. Las ilegalizaciones de los Partidos Comunistas en Europa. La realización de las conferencias de la Conferencias Política de Acción Conservadora donde participan todas estas fuerzas horripilantes. La firma de la Carta de Madrid impulsada por Vox (España) y donde esta obtienen numerosas adhesiones son todas expresiones de los que llaman los fascistas la Batalla Cultural contra el “marxismo cultural”. Julius Evola vuelve en gloria y majestad con sus huestes y bandas criminales. ¿Acaso no eso también Zelenski al cual Boric apoyó?

Si desde el reformismo se planteó la idea del Socialismo del Siglo XXI que no es más que la reedición de la vía pacífica al socialismo desde dentro del capitalismo y de la democracia burguesa teniendo también como uno de los ejes la existencia de una burguesía patriótica e incluso revolucionaria era esperable un rearme en serie por parte de las fuerzas fascistas auténticas y eso es el fascismo que hoy estamos viendo y padeciendo. Es la edición del Fascismo del Siglo XXI. ¿Cómo era lo que decía Bertolt Brecht? “Hombres no os regocijéis que la perra que parió al fascismo de nuevo está en celos”. Bueno la perra ya está pariendo nuevamente a sus bestias.

El problema de fondo es: ¿se puede combatir al Fascismo del Siglo XXI desde políticas y gobiernos reformistas? ¿Se puede combatir a este fascismo desde dentro de las estructuras capitalistas-burguesas y desde un antiimperialismo no anticapitalista? ¿Se puede combatir al fascismo de la mano del progresismo que es la otra cara de la medalla de las políticas imperialistas y que se une con el fascismo para agredir procesos populares? Claramente no se puede.

Comprender la esencia, las corrientes ideológicas, las variantes del Fascismo del Siglo XXI constituye una de las tareas urgentes y donde el punto de partida resulta descartar a los progresistas y a los socialdemócratas como parte e intérpretes de los intereses del campo popular. Bien podemos decir que el progresismo es el fascismo bonachón y de cara amable y el fascismo auténtico, ese del Siglo XXI, es la cara fea y brutal pero ambos hermanados por la misma bestia imperial constituyendo el Monstruo de Dos Cabezas.

Pero también obliga al rearme ideológico de los revolucionarios, de reactualizar de sus teorías, a conocer al enemigo a fondo partiendo por el análisis correcto sobre este nuevo fascismo y esta nueva era imperialista. Pero también obliga a la construcción de un instrumento revolucionaria desde fuera del sistema, alejados de las posiciones reformistas y que pretenden hacer la revolución desde dentro como frontal contra el estado y el capitalismo, contra el imperialismo en todas sus expresiones. Porque, ¿acaso hay otra forma de combatir al fascismo que no sea esta?

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